American Horror Story, serie antológica que relata el terror y miedo esta semana concluyó sus transmisiones de la onceava temporada.
Según productores y guionistas el tema de este año fue el VIH lo que atormentaba y perseguía a los protagonistas y no un fantasma, una bruja o una leyenda urbana.
Los primeros episodios del drama producido por Ryan Murphy, presenta dos asesinos seriales en Nueva York.
Sin embargo, el drama dio giros en los episodios que hacen dudar al auditorio más sobre quién estaba detrás de la máscara del ‘Big Daddy’ presunto asesino.
Los fanáticos estaban intrigados en conocer los avances de quienes podrían ser las nuevas víctimas del terror en ausencia de sus más conocidos personajes Sarah Paulson y Evan Peters.
Sin embargo, los productores, Ryan y Brad Falchuk mantenían en hermetismo la trama develando poco a poco algunos de los personajes.
Los espectadores descubren en el tercer episodio la existencia de un hombre que secuestra, tortura y con un golpe final asesina a homosexuales.
Los personales principales Joe Mantello, Russell Tovey, Charlie Carver van en busca de ayuda de la doctora interpretada por Billie Lourd, quien es pieza clave para descubrir un extraño virus que se contagia y proviene, según sus primeras teorías de los venados y sus crías.

Billie Lourd es la única médica interesada en descubrir qué pasa con dicho “virus” y porqué hay cada vez más hombres que tienen sus síntomas similares.
El razón es que todos estuvieron en un mismo lugar llamado Fire Island no muy lejos de la ciudad de Nueva York, creando la teoría que la “enfermedad” se transmite por garrapatas.
Durante el transcurso de los episodios donde se relatan las relaciones físicas e interpersonales entre los protagonistas y el mundo homosexual, el cual es indiferente ante las autoridades de salud y policial se descubre la verdadera razón de todo.

El hombre lleno de músculos y fuerte no es más que la representación del virus al que los personajes se enfrentan sin poder herirlo o dañarlo, simplemente lo esquivan hasta que ya no pueden escapar de él.
Algunos espectadores compartieron en redes sociales la poca imaginación y la tan desabrida historia… mientras que para otros el mensaje fue claro y contundente.
En la trama ninguno de los protagonistas escapó del VIH, tamporada donde se desataron los contagios, sin medicamentos, sin autoridades que se interesaran en las víctimas.
La historia se desarrolla en los Estados Unidos, pero en 1983 en México se vivían cosas similares al notificarse los primeros casos de SIDA, los cuales habían iniciado en 1981.
Según el registro de Vigilancia Epidemiológica de Casos de VIH en México el primer año se reportaron 67 casos y en 1989 la cifra aumentó a 2 mil 930.
La historia se desenvuelve en los episodios finales al hacer una analogía cruda de la muerte por VIH.
A finales de los años 90 las autoridades reportaron 9 mil 446 casos de sida en México.
Al final de la historia se puede ver a los sobrevivientes de la historia marchar, reclamar y pedir ayuda del gobierno tanto en salud como en prevención.
Los esfuerzos han dado resultados en algunos objetivos a más de 30 años de esta epidemia real en Estados Unidos y en México.
El tema sobre los contagios se sigue estigmatizando, ya que no sólo personas homosexuales lo padecen sino heterosexuales, tema que requiere atender con seriedad.
De acuerdo a la Secretaría de Salud Federal en la primera mitad del 2022, Coahuila registrados de 3 mil 225 casos notificados de VIH.
No existe una cura para este padecimiento, sin embargo existen medicamentos y tratamientos que ayudan a mantener una mejor calidad de vida.
En las redes sociales pacientes con VIH positivo se dicen orgullosos de sobrevivir con tratamientos, mientras que una parte insiste en mostrar la gravedad de una historia de horror que es real para miles de mexicanos y otros miles más coahuilenses.
En la vida real la historia no ha llegado a su fin y se busca cómo escapar de esta pesadilla.
Fuente: Vanguardia





