Mérida, Yucatán.— El accidente aéreo ocurrido en la Bahía Oeste de Galveston, Texas, que involucró a una aeronave de la Secretaría de Marina Armada de México, tiene un vínculo directo con la Península de Yucatán: entre los pasajeros se encontraba un menor de edad originario de Campeche, quien era trasladado de emergencia para recibir atención especializada por quemaduras de extrema gravedad.
Un traslado que partió desde el sureste mexicano

El menor fue atendido inicialmente en el Hospital General Agustín O’Horan de Mérida, punto de referencia del sistema público de salud en la región, antes de abordar la aeronave Beech King Air ANX 1209. El traslado formaba parte de un puente aéreo humanitario que, desde hace años, conecta a niñas y niños de Campeche, Yucatán y Quintana Roo con hospitales especializados en Texas, ante la falta de unidades de alta especialidad en la región.
La aeronave despegó del Aeropuerto Internacional de Mérida con destino a Galveston, llevando consigo no solo a pacientes y personal médico, sino también la esperanza de decenas de familias del sureste que confían en estos traslados como una segunda oportunidad de vida.
Una tragedia que toca a toda la Península
Horas después, la Secretaría de Marina confirmó que el avión se estrelló durante la misión de apoyo médico. De las ocho personas a bordo, cinco fallecieron, dos sobrevivieron y una permanece no localizada, de acuerdo con la información oficial más reciente.

Aunque las autoridades no han confirmado públicamente la identidad de las víctimas, el hecho de que el vuelo transportara a un menor de la región ha generado consternación en comunidades de la Península de Yucatán, donde estos traslados son conocidos y seguidos de cerca por la población.
Un puente aéreo que ha salvado vidas
A lo largo de 2025, este tipo de misiones permitió que menores de Campeche y Yucatán con quemaduras severas fueran atendidos en Texas. Casos como los de Dante, Reyna y otros niños trasladados en meses recientes, evidencian la importancia de este esfuerzo conjunto entre autoridades y organizaciones civiles como la Fundación Michou y Mau.
Para muchas familias del sureste, estos vuelos representan la única opción real frente a lesiones que requieren atención inmediata y altamente especializada.

Más allá del accidente, una reflexión pendiente
La tragedia de Galveston recuerda la fragilidad de estos esfuerzos humanitarios y la deuda histórica en materia de infraestructura médica especializada en la región. Cada traslado aéreo implica riesgos, pero también refleja una realidad: en la Península de Yucatán, salvar la vida de un niño gravemente quemado todavía depende, muchas veces, de cruzar fronteras.
Mientras continúan las labores de búsqueda y la coordinación consular, el accidente deja una pregunta abierta para la región: ¿cuántas historias como esta seguirán dependiendo de un vuelo de emergencia para tener una oportunidad?
Puedes leer: Operativo Guadalupe-Reyes: 900 atenciones que protegen a Playa del Carmen





