El otro Cancún: donde el paraíso no llega
Cancún es conocido por sus playas de ensueño, pero ¿qué pasa a unos cuantos kilómetros de la zona hotelera? ¿En el otro Cancún? Mientras los turistas disfrutan de un cóctel frente al mar, hay familias que luchan por llevar comida a la mesa. Las personas ven el lujo, la cara bonita de la postal: playas blancas, mar turquesa, hoteles de cinco estrellas. Pero queda en el olvido el hogar de miles que viven en condiciones de escasez y abandono.
Tal vez tú también has visitado Cancún y creíste conocerlo. Pero lo que no aparece en las fotos son las colonias irregulares, los techos de lámina, los jóvenes que pelean cada día por una oportunidad. Este artículo no busca arruinar la imagen de mi ciudad, sino revelar la otra cara de Cancún: la que habitan quienes no tienen acceso al paraíso, aunque lo vivan desde dentro.
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Una ciudad diseñada para el visitante, no para el habitante
Cancún no nació por casualidad. Fue concebido en los años 70 como un ambicioso proyecto del Estado mexicano para atraer turismo internacional, con inversiones tanto públicas como privadas. Su diseño urbano priorizó la creación de una zona hotelera de alto nivel, con todos los servicios, pensada a detalle para los visitantes extranjeros, sin contemplar la vivienda para quienes la mantienen: aquellos que están detrás de estas empresas, construyendo el destino de otros, mientras el suyo quedaba fuera del mapa.
Desde el comienzo, Cancún fue dividida: mientras se construían resorts en sus playas blancas, miles de trabajadores migraban desde otros estados del país con la ilusión de un nuevo trabajo, un nuevo comienzo cargado de promesas.

Sin embargo, la planificación urbana no contemplaba la llegada masiva de habitantes. Esto generó la necesidad de un hogar para los nuevos pobladores, surgiendo así las colonias improvisadas, los asentamientos informales y una brecha que seguiría creciendo hasta el día de hoy, separando el paraíso turístico de la precariedad cotidiana.
Y así, mientras el turismo crecía, también lo hacía una ciudad partida en dos: una que se muestra al mundo, y otra que el mundo no quiere ver.
La brecha que no deja de crecer
Por un lado, la Zona Hotelera, llena de hoteles de primer nivel; por el otro, colonias irregulares donde el acceso a servicios básicos es un privilegio. La división es notoria: las cosas cambian, muchas con desgaste, calles sin pavimentar, infraestructura sanitaria incompleta y luminarias escasas que dejan a familias enteras a oscuras.
En la actualidad, cerca del 93 % de los hogares cuentan con sistema de drenaje, mientras que el resto se ve obligado a utilizar fosas sépticas, haciéndose responsables de ellas. Esta brecha social se origina, en gran medida, por el agotamiento del presupuesto público. En apenas 32 años desde su creación, la población original de Cancún se multiplicó más de once veces, atrayendo a miles de familias en busca de una vida mejor.

Vivir sin servicios: la normalidad en las zonas rojas
En el comienzo, las colonias más afectadas por esta falta de recursos fueron “La Guadalupana” y “Los Álamos”, aunque cada mes surgen nuevos asentamientos. En la actualidad, “Residencial Turquesa” es un área donde todavía no llega el agua potable ni un alcantarillado funcional. Estas zonas, que denominó como “zonas rojas” por su falta de infraestructura, carecen en su mayoría de servicios elementales. ¿Podrías imaginar tu día sin agua, sin luz y sin calles seguras?
Transporte público: el viaje más largo hacia el trabajo
La deficiente planeación urbana también se refleja en el transporte público, el cual ha sido señalado como uno de los peores del país. Orán-Roque R. lo describe como un sistema sin planes de ruta adecuados, con supervisión escasa, unidades en mal estado y falta de capacitación de los operadores.
Como consecuencia, los trabajadores de la zona hotelera dedican hasta dos horas de recorrido, tanto para llegar a sus jornadas como para regresar a sus hogares. Inclusive, algunos tienen la necesidad de realizar transbordos que corren por su cuenta, generando así un gasto significativo de su salario. El tiempo perdido se traduce en una carga más sobre la ya precaria economía familiar.

Estudiar y sanar: dos derechos que cuestan demasiado
Los centros de salud públicos atienden con personal exhausto y escaso, con turnos rigurosos y difíciles de sobrellevar, mientras que en las zonas con mayores ingresos existen clínicas privadas con atención inmediata. Las escuelas públicas enfrentan carencias de mobiliario y recursos didácticos, obligando a las familias a asumir gastos que, para muchas, son inalcanzables.
Quintana Roo registró un aumento en las colegiaturas del 10.5 % respecto al año anterior. Esto confirma que estudiar se está volviendo un lujo.
¿Es esto lo que entendemos por justicia social: sobrevivir si puedes, aprender si te alcanza?
“Solo el 85 % de menores asiste a secundaria en zonas marginadas” – (CONEVAL, 2022)
Paisajes para unos, abandono para otros
La ciudad se maquilla para el visitante, pero olvida lavarse la cara para quienes la habitan.
Mientras los parques turísticos y plazas comerciales exhiben jardines simétricos y fuentes que parecen salidas de Instagram, las colonias populares sobreviven entre terrenos baldíos, maleza y oscuridad. No hay juegos infantiles, solo silencio y abandono.
El derecho a la ciudad se convierte en una ficción: unos caminan entre paisajes diseñados para el descanso; otros tropiezan con el descuido. La ciudad crece, sí, pero como una grieta: se abre más, se parte más, y no todos caben.
La ciudad que se vende, pero no se comparte
Cancún es hermoso, pero no para todos. La ciudad ha crecido, pero no por igual. El proceso ha sido selectivo, diseñado para mantener la imagen turística, aunque cada vez más borrosa para quienes la habitan.
La desigualdad no se esconde: se filtra por las tuberías, se refleja en los techos de lámina; mientras unos toman un baño en la tina, otros administran el agua para que dure toda la semana. Cancún no es solo un destino, es una ciudad que duele en silencio.
¿Cuánto más puede crecer una ciudad si no reconoce a quienes la sostienen? Tal vez ya no crece: solo es un globo que se infla hasta reventar.

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