Por Teresa Pérez
Cancún.- Cada mañana, el timbre de la preparatoria desata en Alejandro, de 16 años, una reacción física incontrolable como taquicardia, sudoración y una necesidad urgente de taparse los oídos.
Para este joven con trastorno del espectro autista (TEA), lo que para otros es un simple aviso escolar se convierte en el inicio de una batalla diaria contra una ansiedad que paraliza.

Como Alejandro, más de 400 mil personas en México han sido diagnosticadas dentro del espectro autista, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Pero existe una realidad menos visible, el 40% de los adolescentes con TEA padece ansiedad clínica, una condición que transforma su experiencia educativa y social en un campo minado.
“Estamos fallando en reconocer que para estos jóvenes el ambiente escolar puede ser físicamente doloroso”, explica la psiquiatra Margarita Gómez. “Su sistema nervioso recibe los estímulos comunes -ruidos, luces, olores- con una intensidad multiplicada”.
Las crisis de ansiedad en adolescentes con autismo suelen manifestarse a través de respuestas físicas intensas (taquicardia, hiperventilación, sudoración); conductas repetitivas o de autoestimulación; evitación de situaciones sociales; irritabilidad o cambios bruscos de comportamiento.

Mientras la población general presenta índices de ansiedad del 18%, entre adolescentes con autismo la prevalencia se dispara al 40%, según el Journal of Autism and Developmental Disorders. Además, un 26% adicional sufre ansiedad subclínica, que aunque no cumple todos los criterios diagnósticos, igualmente limita su calidad de vida.
La psicoterapeuta Paulina Ríos enfatiza que “no basta con aceptar su presencia en las aulas; necesitamos transformar los espacios”.
Los especialistas refieren que el uso de auriculares antirruido como herramienta básica de regulación sensorial; la señalización clara de cambios en la rutina escolar, la creación de espacios tranquilos libres de estímulos abrumadores y la implementación de técnicas de regulación emocional adaptadas a sus necesidades ayudarán a reducir las crisis de ansiedad hasta en un 60%.
Para adolescentes como Alejandro, pequeños ajustes en su entorno representan la diferencia entre el pánico y la posibilidad de aprender.
Sus auriculares no son un capricho, sino una herramienta esencial que le permite navegar un mundo sensorialmente abrumador.





