Cancún, Quintana Roo. – Lo que comenzó como un pasatiempo hace más de tres décadas, hoy se ha convertido en un emprendimiento lleno de creatividad, dedicación y trabajo en equipo. María Guadalupe Rivera, artesana cancunense, encontró en la elaboración de velas no solo una fuente de ingreso, sino también una forma de vida.


“Yo tengo más de 35 años que aprendí a hacerlas, al principio solo las regalaba a mi familia, nunca pensé en venderlas”, relata. Con el paso del tiempo y tras dedicarse a otros negocios, decidió retomar esta actividad hace cinco años, impulsada por su gusto por las manualidades.

Actualmente, su taller no es un espacio improvisado, en su hogar, una de las habitaciones está completamente adaptada para la producción de velas, donde almacena una amplia variedad de insumos, moldes más de 400, esencias y parafinas de distintos tipos. Incluso, su esposo se ha sumado al proyecto, apoyando en el diseño, dibujo y pintura de las piezas.

Guadalupe Rivera, ya es de la tercera edad y forma parte del colectivo “Mujeres Emprender”, grupo que reúne a artesanas dedicadas a distintas creaciones como velas, bisutería y accesorios, sus productos pueden encontrarse regularmente los domingos a las afueras de la catedral de Cancún así y otros espacios donde son invitadas.


El proceso de elaboración no es sencillo. Implica una inversión considerable en materia prima, además de conocimientos técnicos para manejar la parafina y evitar riesgos, ya que se trata de un material flamable.
“No es algo que se pueda hacer sin cuidado, requiere atención total y experiencia”, explica.

Aunque reconoce que el negocio es “noble” y ha tenido buena aceptación en los últimos años, también es clara al señalar que no siempre representa una fuente de ingresos suficiente por sí sola, sin embargo, destaca el valor emocional y terapéutico de la actividad.
“Esto nos mantiene ocupadas, nos ayuda a no pensar en problemas o enfermedades, es algo saludable”, afirma.


Hizo un llamado a otras mujeres a emprender sin importar la edad.
“No podemos quedarnos quietas, siempre se puede aprender algo nuevo y salir adelante”, concluye.
Con esfuerzo, constancia y pasión, María Guadalupe Rivera demuestra que nunca es tarde para transformar un gusto en una oportunidad.

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