Día de la Candelaria en México: origen, significado y por qué se comen tamales
Descubre el significado profundo del Día de la Candelaria, mucho más que tamales, una fiesta donde se entrelazan la fe católica, el mundo prehispánico y la identidad familiar.
Si el 6 de enero te tocó el muñequito en la Rosca, hoy 2 de febrero es tu día: el Día de la Candelaria. Esta es una de las celebraciones más arraigadas y complejas de México, una festividad donde el pasado se funde con el presente en un acto de fe, identidad y comunidad. Marca el cierre del ciclo navideño, exactamente 40 días después de la Navidad.
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Contenido
Fotos: Paola Chiomante
¿Qué celebramos el 2 de febrero? Una historia de tres culturas
Su origen es un fascinante sincretismo. Por un lado, celebra la Presentación del Niño Jesús en el Templo y la Purificación de la Virgen María, según la tradición católica y judía. El nombre “Candelaria” viene de las candelas o velas, símbolo de Cristo como “la luz del mundo”.
Por otro lado, en el México prehispánico, los primeros días de febrero coincidían con el inicio del ciclo agrícola y el fin del invierno. Pueblos como los mexicas celebraban el Atlcahualo, bendecían el maíz y hacían ofrendas de alimentos a los diosesTláloc y Chalchiuhtlicuepara pedir buenas cosechas. Los evangelizadores españoles fusionaron estas tradiciones. Así, la vieja fiesta de la luz y la nueva temporada de siembra se unieron para crear una tradición única.
Tradiciones que no se apagan: del Niño Dios a la mesa familiar
La celebración actual es vibrante y multi-generacional. Se manifiesta en dos pilares fundamentales que mezclan lo sagrado y lo social:
1. Vestir y bendecir al Niño Dios La imagen del Niño Jesús que formó parte del nacimiento navideño es el centro de una entrañable ceremonia familiar. La tradición indica vestirlo con atuendos especiales—desde el sencillo ropón blanco del primer año hasta elaborados trajes de santos, profesiones o hasta “charro”—para luego llevarlo a la iglesia a bendecir. Este acto simboliza la Presentación en el Templo. En lugares como el Centro Histórico de la Ciudad de México, talleres especializados como “Niños Uribe” han convertido esta devoción en un arte popular desde hace décadas.
2. La Tamaliza: un festín con compromiso Es el momento más esperado y compartido. ¿La regla? Quienes encontraron el muñequito en la Rosca de Reyes tienen el honor—y la obligación—de ofrecer tamales y atole a familiares y amigos. Este banquete comunitario no es casual. Es el puente directo con el pasado prehispánico: donde antes se ofrendaban tamales a los dioses del maíz y la lluvia, hoy se comparten en un acto de gratitud y unión.
Fotos: Paola Chiomante
La Candelaria en Quintana Roo: Fe y convivencia frente al alza de precios
En nuestro estado, la tradición se vive con intensa devoción. En Chetumal, por ejemplo, las celebraciones en el Santuario Mariano incluyen mañanitas a la Virgen, el solemne rezo del Levantamiento del Niño Dios, la bendición de velas y la misa donde se presentan las imágenes. Son actos que, como señala el párroco David Martín Leal, fortalecen la fe y la identidad cultural de las familias.
Sin embargo, en 2026, esta celebración no es ajena al contexto económico. Preparar o comprar los tamales representa un esfuerzo mayor. Un sondeo en Chetumal reportó aumentos de entre 5 y 10 pesos en insumos básicos como hojas de plátano, masa y carne. A nivel nacional, análisis indican que el costo para preparar un lote de tamales subió en promedio más del 18%. A pesar de esto, las familias quintanarroenses buscan la forma de mantener viva la tradición.
“Todo está caro, pero hay tradiciones que seguimos. Lo más importante es convivir en familia”, compartió Paulina Jiménez, ama de casa de Chetumal, reflejando un sentimiento común.
Una tradición viva que ilumina nuestra identidad
El Día de la Candelaria es mucho más que una fecha en el calendario. Es un ritual vivo que resume la esencia de México: su capacidad para fusionar mundos y crear una identidad nueva y poderosa. Encierra la luz de la fe católica, la profundidad de las cosmovisiones prehispánicas y el calor irremplazable de la convivencia familiar.
Es una tradición que resiste, se adapta y perdura. Nos recuerda que, en un mundo cambiante, hay hilos que nos conectan con nuestra historia y con quienes somos. Sentarse hoy a la mesa a compartir un tamal es, en el fondo, participar en una ceremonia milenaria de gratitud, comunidad y esperanza por lo que viene.
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