Cuando la ciencia ancestral se vuelve experiencia comunitaria
El Caracol de Punta Sur, fue sede de un encuentro entre la naturaleza, la ciencia y la herencia ancestral maya. La Fundación de Parques y Museos de Cozumel (FPMC) conmemoró su 39 aniversario convocando a la comunidad a presenciar el fenómeno arqueoastronómico de invierno en el vestigio prehispánico El Caracol, ubicado en el Parque Ecoturístico Punta Sur. Desde tempranas horas, decenas de personas se dieron cita para vivir una experiencia única: ver cómo el sol se alineaba nuevamente con la ventana superior del emblemático edificio, revelando el profundo conocimiento astronómico, arquitectónico y matemático desarrollado por la civilización maya. Este patrimonio biocultural de Cozumel sigue vivo y accesible para quienes habitan la isla.
La directora general de la FPMC, Juanita Alonso Marrufo, indicó que esta actividad se realizó en el marco del aniversario de la institución, alineándose con el Nuevo Acuerdo por el Bienestar y Desarrollo de Quintana Roo, impulsado por la gobernadora Mara Lezama Espinosa. “Fomentamos la participación ciudadana en actividades culturales que fortalecen la identidad comunitaria y el tejido social”, señaló. La convocatoria logró reunir a familias, jóvenes y adultos mayores, todos unidos por la curiosidad de presenciar un fenómeno que sus antepasados ya dominaban.

El Caracol: faro, sonido y conocimiento ancestral
El director del Parque Ecoturístico Punta Sur, Jesús Benavides Andrade, explicó la relevancia del sitio. “El Caracol funcionaba como un punto estratégico de navegación para quienes recorrían la costa oriental de la isla hasta Punta Molas y buscaban llegar a la actual Zona Arqueológica de San Gervasio”, detalló. La alineación del sol con la ventana superior de la cúpula del edificio no es casualidad: evidencia la estrecha relación entre la arquitectura maya y su entorno natural.
Benavides reveló un dato fascinante: la estructura antiguamente contaba con caracoles adosados que posiblemente funcionaban como dispositivos sonoros ante cambios climáticos. Es decir, El Caracol no solo era un observatorio astronómico y un faro para navegantes, sino también un instrumento para percibir el clima. Esta multiplicidad de funciones convierte al sitio en una joya del patrimonio biocultural de la isla, donde el conocimiento científico y la cosmovisión maya se entrelazaban.
Manglares, lanchas y conservación: el ecosistema que lo envuelve todo
La jornada no terminó con el fenómeno astronómico. Las y los asistentes participaron en recorridos interpretativos a bordo de embarcaciones en la laguna X’tacun, donde conocieron la importancia del ecosistema de manglar y los servicios ambientales que brindan los humedales para la conservación de la biodiversidad. La actividad conectó dos mundos: el legado maya y la urgencia contemporánea de proteger el entorno natural.
La FPMC, a lo largo de sus 39 años, ha trabajado precisamente en ese puente: preservar el patrimonio biocultural de Cozumel mediante la investigación, la educación ambiental y la promoción cultural. Eventos como este demuestran que la herencia ancestral no es algo del pasado, sino una experiencia viva que puede reunir a la comunidad en torno a su identidad y su territorio.

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