Estados Unidos ha desplegado más de cuatro mil infantes de marina, junto con buques anfibios del Grupo Iwo Jima, la 22ª Unidad Expedicionaria de la Infantería de Marina y otras embarcaciones del Comando Sur, incluyendo un submarino de ataque nuclear, destructores y un crucero con misiles guiados, además de aeronaves de reconocimiento.
Este movimiento responde a la orden del presidente Trump de combatir a los cárteles de droga catalogados como organizaciones terroristas extranjeras.
Se trata por ahora de una exhibición militar, destinada a enviar un mensaje de advertencia, aunque también proporciona al Pentágono margen para ejecutar operaciones concretas si así lo dispone el presidente.
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Estrategia más allá de lo simbólico
La orden presidencial surge tras clasificar a importantes cárteles como organizaciones terroristas, lo que permite utilizar herramientas de defensa e inteligencia más amplias en la región. El despliegue incluye vigilancia aérea intensificada y patrullaje naval, diseñados para detectar y monitorear actividades de narcotráfico transnacional.

Entre los grupos señalados están el Cártel de Sinaloa de México y el Tren de Aragua de Venezuela, considerados amenazas directas a la seguridad nacional estadounidense.
Repercusiones diplomáticas y regionales
El despliegue ha generado preocupación en países como México y Venezuela. México ha rechazado categóricamente cualquier intervención militar estadounidense en su territorio.

Desde hace meses la administración Trump ha reforzado su estrategia antinarcóticos con medidas como clasificación de cárteles como terroristas, vigilancia con drones y patrullajes navales. Este movimiento en el Caribe representa una escalada notable de dicha política.
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