La mañana del 6 de octubre, las autoridades de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la UNAM en Ciudad Universitaria activaron el protocolo de seguridad tras hallarse una nota impresa en los baños que advertía: “Encuentren la bomba que pusimos en uno de sus baños”.
Por precaución se desalojaron aulas, oficinas y zonas comunes mientras bomberos y protección civil inspeccionaban el edificio.
Horas más tarde se informó que, tras las revisiones correspondientes, la amenaza fue descartada como un falso aviso. La facultad reanudó actividades alrededor de las 15:00 horas.
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Antecedentes de amenazas y alarmas constantes
Este episodio se suma a una serie de incidentes similares en planteles universitarios. Desde el asesinato de un estudiante en el CCH Sur, el 22 de septiembre, hasta amenazas de bomba en otras facultades, la comunidad universitaria ha señalado que las medidas de seguridad parecen reaccionarias más que preventivas.
Varios estudiantes han compartido en redes experiencias de evacuaciones previas, advertencias anónimas y temor latente. Uno comentó en grupos internos: “esto ya no es paranoia, es real”. Otros cuestionaron que las amenazas aparezcan justo antes de asambleas o manifestaciones, generando desconfianza sobre su origen.

Clamor por protocolos y seguridad integral
La comunidad universitaria exige que las autoridades no solo atiendan cada amenaza aislada, sino que fortalezcan controles de acceso, vigilancia, revisión de mochilas y sistemas de alerta temprana que realmente funcionen en todo el campus.

Autoridades de la FCPyS indicaron que el protocolo respondido el martes estuvo coordinado con personal de bomberos y policía, pero reconocieron la necesidad de mejorar y que el aviso resultara falso no exime la tensión acumulada entre estudiantes y docentes. El incidente reaviva el debate sobre hasta qué punto la UNAM puede garantizar la seguridad sin perder su libertad.
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