Gaza bajo fuego: miles sin agua ni atención médica
La reanudación de operaciones militares por parte del ejército israelí ha obligado a miles de familias palestinas a desplazarse nuevamente dentro de la Franja de Gaza.
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Sin acceso suficiente a agua, alimentos ni atención médica, los campamentos improvisados se han convertido en el único refugio para quienes sobreviven bajo los bombardeos.
“La muerte es mejor que esto”: voces desde Gaza
En los improvisados campamentos de la Ciudad de Gaza, las historias se repiten con crudeza. Mahmoud Abu Shari’ah relata que su familia ha sido desplazada en múltiples ocasiones desde que comenzó la guerra:
“Hubo bombas en nuestro barrio, caían proyectiles al azar. Tuvimos mártires en la familia, por eso nos fuimos. Nos hemos convertido en una familia errante”.
La frase más dura se escucha en boca de otro desplazado, Musab Shbat:
“Nos han desplazado más de diez veces. Cada vez es como si el alma saliera del cuerpo. Hemos llegado a un punto donde la muerte es mejor que el desplazamiento”.
Vida entre lonas y escombros
El día a día se reduce a la subsistencia. Niños mastican pan seco, mujeres amasan harina sobre piedras y familias enteras se cubren con telas para protegerse del polvo y las cenizas.
La Defensa Civil reportó al menos 33 muertos solo el viernes, tras los últimos ataques aéreos. Mientras tanto, las sirenas y las órdenes de evacuación continúan marcando el ritmo de la vida en Gaza.
Israel declara “zona de combate peligrosa”
La semana pasada, Israel declaró la Ciudad de Gaza como “zona de combate peligrosa”, levantando la breve pausa táctica que había permitido la entrada de ayuda humanitaria.
El anuncio del primer ministro Benjamin Netanyahu sobre posibles zonas desmilitarizadas aún parece lejano, al igual que una tregua duradera.
Una crisis humanitaria que no cesa
La comunidad internacional insiste en llamados a un cese al fuego, pero en Gaza la realidad es otra: bombardeos nocturnos, tiendas improvisadas, hambre y falta de medicamentos.
Los desplazados describen la experiencia como una “muerte en vida”, esperando su turno en medio de la incertidumbre.