Un 17 de diciembre fue descubierta la Piedra del Sol, el monolito que cambiaría la historia
Hace exactamente 235 años, en 1790, la Plaza Mayor —hoy Zócalo capitalino— fue testigo de un hallazgo que cambiaría para siempre la manera en que entendemos la cultura mexica: la Piedra del Sol. Este monolito de 3.6 metros de diámetro y 24.5 toneladas de peso, tallado en basalto de olivino, emergió de la tierra durante trabajos de empedrado y se convirtió en uno de los símbolos más poderosos de la identidad mexicana.
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Aunque popularmente se le conoce como “Calendario Azteca”, especialistas coinciden en que la Piedra del Sol no es un calendario, sino un mapa mítico del tiempo y un altar ceremonial. En su centro aparece el rostro de Tonatiuh, el dios del sol, con la lengua representada como un cuchillo sacrificial. Para los mexicas, este detalle no era decorativo: simbolizaba la necesidad del sacrificio humano para alimentar al astro y garantizar que cada día volviera a nacer.
La Piedra del Sol narra los Cinco Soles, eras cósmicas de creación
La piedra narra el mito de los Cinco Soles, las eras cósmicas que marcaron la creación y destrucción del mundo.
- El primero, el Sol Jaguar, terminó cuando los hombres fueron devorados por felinos.
- El segundo, el Sol de Viento, acabó con huracanes que arrasaron la tierra.
- El tercero, el Sol de Lluvia, fue destruido por fuego y terremotos.
- El cuarto, el Sol de Agua, se extinguió en un diluvio universal que transformó a los hombres en peces.
- Y el quinto, el Sol de Movimiento, es el que aún vivimos bajo el gobierno de Tonatiuh, destinado —según la profecía— a terminar con terremotos y fuego.
Más allá de su narrativa mítica, la Piedra del Sol es un compendio de símbolos: los veinte signos del calendario ritual mexica, las serpientes de fuego que representan el movimiento del sol y el poder de Huitzilopochtli, los rayos que marcan las direcciones cardinales y el ciclo cósmico. Cada detalle es un recordatorio de que el universo, para los mexicas, era un espacio en constante lucha entre creación y destrucción.

Tonatiuh, sigue iluminando la identidad y memoria de México
La figura de Tonatiuh, al centro de la piedra, refleja la importancia del sol en la vida cotidiana. Era considerado el líder del cielo, el Quinto Sol y el dios todopoderoso que otorgaba fuerza y protección a los guerreros. Su culto estaba ligado a la guerra y a la agricultura: los aztecas dependían de su energía para los cultivos y ofrecían corazones humanos y joyas de oro como tributo. Incluso Teotihuacán, la “Ciudad del Sol”, fue vista como el lugar de su ascensión, reforzando la conexión entre Tonatiuh y el culto solar.

Con el paso del tiempo, los mitos sobre Tonatiuh evolucionaron y se adaptaron, pero su figura nunca desapareció. A pesar de la llegada de los españoles y la imposición del catolicismo, Tonatiuh sigue presente en el imaginario colectivo de México. Su rostro, inmortalizado en la Piedra del Sol, es hoy un símbolo reproducido en billetes, libros, campañas culturales y hasta en el escudo de la UNAM.
La Piedra del Sol no es solo un vestigio arqueológico: es el corazón de la cosmovisión mexica, un testimonio de la relación entre los hombres y los dioses, y un recordatorio de que nuestra historia está escrita en piedra. Cada 17 de diciembre, su hallazgo nos invita a reflexionar sobre la grandeza del México antiguo y el legado que aún ilumina nuestra identidad.
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