América y Adal, marinos para siempre
El mar es un territorio de sueños y desafíos, un espacio donde la vocación se pone a prueba y el espíritu se fortalece. América Yamilet Sánchez y Adal Jair Maldonado Marcos no solo fueron parte de la tripulación del Buque Escuela Cuauhtémoc; fueron jóvenes con un propósito, con una entrega absoluta al servicio naval, con historias que merecen ser contadas más allá de la tragedia.

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América Yamilet: la cadete que desafió las olas
Desde pequeña, América Yamilet soñó con el mar. Originaria de Xalapa, Veracruz, su disciplina y determinación la llevaron a la Heroica Escuela Naval Militar, donde destacó por su excelencia académica y su talento como nadadora. Su formación en la Marina no solo era un reto físico, sino también un compromiso con el país.
Quienes la conocieron la recuerdan como una joven apasionada, con una energía inquebrantable y una sonrisa que iluminaba cada jornada de entrenamiento. Su madre, Rocío Hernández, la describió como “una guerrera”, alguien que nunca permitió que los obstáculos la definieran.
En redes sociales, los mensajes de despedida han sido conmovedores:
- “Mi niña hermosa, siempre fuiste luz en nuestras vidas. Tu sonrisa y tu valentía nos acompañarán siempre.”
- “Tu legado no termina aquí. En cada ola, en cada puerto, tu espíritu seguirá navegando.”
- “Fuiste una guerrera, una inspiración para todos los que tuvimos el honor de conocerte. Que el mar te abrace en su inmensidad.”
Horas antes del accidente, América compartió imágenes de su estancia en Nueva York, emocionada por la travesía. Su familia y amigos han rendido homenaje a su vida, recordándola como la joven que siempre tuvo claro su propósito: servir con honor.





Adal Jair: el marino que llevó su comunidad al mundo
Adal Jair Maldonado Marcos no solo era un marino; era un embajador de su gente, un hijo del mar con raíces profundas en San Mateo del Mar, Oaxaca. Perteneciente a la comunidad indígena Ikoot, llevó consigo la esencia de su pueblo a cada puerto que visitó. Durante los últimos nueve meses, recorrió el mundo a bordo del Cuauhtémoc, tocando tierras lejanas como Tokio, Sídney y Nueva Zelanda.
Su historia de vida es un testimonio de esfuerzo y vocación. Desde su formación en la Escuela Secundaria General “Gabriel Ramos Millán”, mostró un compromiso excepcional con el servicio naval. Su comunidad lo recuerda con orgullo, y en redes sociales, los mensajes de despedida reflejan el impacto que tuvo en quienes lo conocieron:
- “Hace dos meses me regalaste una playera del buque que más amabas y ahora ya no estás con nosotros. Cachorro, Dios te bendiga allá arriba y ojalá te vuelva a ver.”
- “Más que un amigo, un hermano. Me quedo con los buenos momentos y la gran amistad que tuvimos. Un beso hasta el cielo, quedó pendiente la cena en diciembre con todos los camaradas.”
- “Volaste alto cumpliendo tu sueño en el gran velero. Nos duele tu partida y el sufrimiento de tu familia. ¡Buena mar y mejores vientos, marinero!”
El honorable Ayuntamiento de San Mateo del Mar lamentó su fallecimiento, destacando su disciplina y entrega al servicio.





El accidente y el propósito del recorrido
El Buque Escuela Cuauhtémoc, conocido como el “Caballero de los Mares”, es un velero de la Armada de México botado en 1982 y diseñado para la formación de cadetes navales. Ha navegado más de 750 mil millas náuticas y visitado más de 200 puertos en 60 países, convirtiéndose en embajador de buena voluntad de México en el mundo.
En 2024 inició un crucero de instrucción que incluyó escalas en San Diego, Hawái, Tokio, Singapur, Sídney y Nueva Zelanda. El Buque Escuela Cuauhtémoc emprendió su viaje el 6 de abril de 2025 desde Acapulco, Guerrero, con la misión de visitar 22 puertos en 15 países como parte de su programa de instrucción naval. Su objetivo era fortalecer la formación de los cadetes y marinos, promoviendo la diplomacia pública y el intercambio cultural.
El accidente ocurrió el 17 de mayo, cuando el buque perdió propulsión al zarpar del South Street Seaport en Manhattan. La corriente del East River y los fuertes vientos complicaron la maniobra, y el buque retrocedió, impactando sus mástiles contra la base del Puente de Brooklyn. Expertos han señalado que la falta de asistencia de un barco de apoyo y la pérdida de potencia fueron factores clave en el siniestro, se preparaba para continuar hacia Islandia.


Un legado imborrable
El Buque Escuela Cuauhtémoc ha sido un símbolo de formación naval desde 1982, y aunque esta tragedia marca una de las pocas pérdidas fatales en su historia, el espíritu de América y Adal Jair seguirá navegando.
Sus nombres no serán olvidados. En cada ola que rompe contra la proa de un barco, en cada joven que decide emprender el mismo camino, en cada puerto que recibe a un marino mexicano con el mismo compromiso y pasión.

Su viaje no termina aquí. Su historia seguirá escrita en la vocación de aquellos que entienden que servir es un llamado del alma.





