El lago guarda un secreto… La Miringua está aquí
El terror tiene acento mexicano y aroma a agua estancada. Este miércoles 30 de abril llega a salas nacionales Un Cuento de Pescadores – La Maldición de la Miringua, una cinta que no solo sacude por su historia, sino que seduce por su factura visual y narrativa.
Contenido
Edgar Nito, consolidado como una de las voces más prometedoras del cine de género en México, dirige esta obra con temple, precisión y respeto por el mito que la inspira.

Inspirada en el folclore purépecha, esta película da vida a La Miringua, una figura ancestral que emerge del lago de Pátzcuaro para ajustar cuentas con los pecadores. Pero no se trata de una simple historia de fantasmas: es un retrato inquietante de culpa, herencia, tradición y aquello que, incluso enterrado, nunca desaparece.
Una dirección que prioriza la atmósfera
Nito demuestra una madurez cinematográfica notable. Lejos de recurrir a los sobresaltos fáciles, construye un clima denso, casi táctil. El ritmo es contenido, pero nunca estático; cada escena tiene peso dramático y simbólico. Las influencias del horror elevado contemporáneo —como el de Ari Aster o Robert Eggers— se filtran, pero bajo una identidad profundamente mexicana.


Los silencios pesan. Las miradas hablan. La narrativa se despliega con capas: la culpa personal, el miedo colectivo, el castigo inminente.
Un elenco que sostiene el horror con verdad
Encabezado por Noé Hernández, Mercedes Hernández, Hoze Meléndez, Renata Vaca y Jorge A. Jiménez, el elenco abraza con autenticidad a sus personajes. No hay sobreactuaciones ni clichés. El terror nace del realismo. Cada rostro cargado de angustia y cada línea pronunciada con temblor interior hacen que el espectador se sienta atrapado, como si también él estuviera siendo observado por La Miringua.


Un despliegue visual y sonoro hipnótico
La fotografía de Juan Pablo Ramírez, AMC, convierte el lago de Pátzcuaro en un ente vivo. Las tomas fijas, los encuadres simétricos y los reflejos turbios crean una tensión constante. El agua, como espejo de los pecados, está en casi cada plano. El diseño sonoro —obra de Leonardo Heiblum y su equipo— acompaña con precisión quirúrgica cada crujido, cada susurro, cada silencio que hiela la sangre.
Esta es una película que se ve… y se escucha con el estómago.

Un rodaje inmersivo y orgánico
La producción eligió filmar en locaciones reales del lago y sus islas (Pacanda, Yunuén y Tecuena), lo que refuerza la autenticidad de la cinta. La interacción con las comunidades purépechas fue esencial. Las leyendas que inspiraron el guion fueron compartidas por los propios habitantes, lo que da a la historia un anclaje cultural tangible. No es una película que observe desde fuera: se sumerge y respira con su entorno.


Reconocida internacionalmente antes del estreno
La Maldición de la Miringua ha sido aclamada en festivales clave:
- Sitges 2024 – Estreno Mundial
- FICM 2024 – Mención Especial al Elenco
- Mórbido Film Fest – Calavera Plateada del Público
- Feratum – Mejor Película y Mejor Dirección
- Buenos Aires Rojo Sangre – Mejor Director y Montaje
Los elogios no solo son por la historia, sino por su ejecución cinematográfica, sólida en cada departamento.


Una experiencia que trasciende la pantalla
Con una narrativa que pone en el centro a la culpa y a la herencia emocional de los pueblos, esta no es una película que se olvida al salir del cine. Su fuerza simbólica, su manejo del silencio y su estética hipnótica hacen que La Maldición de la Miringua sea una de las propuestas más relevantes del cine mexicano reciente.
Edgar Nito lo resume así:
“Esto no es solo sobre lo que se esconde bajo el agua. Es sobre lo que nunca dejamos de arrastrar.”
Y tú… ¿ya escuchaste lo que susurra el lago?
Porque La Miringua ya despertó… y viene por todos.





