Aranceles de hasta 50% buscan fortalecer la producción nacional, aunque empresarios alertan riesgos económicos
La Cámara de Diputados aprobó un incremento histórico de aranceles de hasta 50% para miles de productos provenientes de China y otros países asiáticos, en un movimiento que ya genera reacciones internas e internacionales. La medida, impulsada por el gobierno de Claudia Sheinbaum, busca fortalecer la producción nacional y corregir desequilibrios comerciales, pero empresarios y analistas advierten riesgos mayúsculos para la economía mexicana.
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Un giro arancelario que reconfigura el comercio de 2026
La propuesta —que aún debe ser avalada por el Senado para entrar en vigor el próximo año— establece aumentos o nuevos aranceles de entre 35% y 50% a automóviles, autopartes, textiles, ropa, plásticos, acero y un amplio catálogo de productos provenientes de naciones sin tratado comercial con México, como China, India, Corea del Sur, Indonesia y Tailandia.
Aunque Morena cuenta con mayoría, el proyecto enfrentó una fuerte resistencia debido a preocupaciones empresariales, reclamos diplomáticos y advertencias sobre rupturas en las cadenas de suministro.
La Secretaría de Economía argumentó que la iniciativa busca defender a la industria nacional, pero el sector privado sostiene que los objetivos de fondo son otros:
- Apaciguar a Estados Unidos antes de la revisión del T-MEC.
- Recaudar 3,760 millones de dólares adicionales en 2026.
- Reducir el déficit fiscal sin aumentar impuestos.
Industria en alerta: riesgo para automotriz y electrónica
Las críticas más duras provienen del sector automotriz, uno de los pilares económicos del país. Fabricantes advierten que los nuevos aranceles podrían interrumpir el acceso a componentes electrónicos críticos, como pantallas táctiles y piezas avanzadas que México no produce.

La industria electrónica también observa un panorama incierto: la dependencia de insumos asiáticos es estructural, y sustituir proveedores podría tomar años.
Aun así, legisladores como Ricardo Monreal defendieron la iniciativa asegurando que “no es un giro proteccionista”, sino una medida para corregir distorsiones y evitar vulnerabilidades estructurales en un mercado global altamente competitivo.
Pero analistas advierten que, en un contexto en el que la economía mexicana muestra señales de estancamiento, cualquier choque en las cadenas de suministro podría frenar la recuperación, bajar la productividad e incluso elevar precios al consumidor.
Presión internacional y el factor T-MEC complican el escenario
El impacto internacional se sintió de inmediato. China manifestó su rechazo y advirtió que la medida deteriora la relación bilateral en uno de los momentos más sensibles para el comercio mundial.
Por su parte, Estados Unidos reaccionó con cautela, aunque funcionarios estadounidenses han insistido en que México y Canadá no deben convertirse en plataformas de exportación para países como China, Vietnam o Indonesia, algo que a su juicio ya ocurre en ciertos sectores manufactureros.
El Representante Comercial de Estados Unidos, Jamieson Greer, reiteró la preocupación de Washington apenas la semana pasada, recordando que la revisión del T-MEC está a la vuelta de la esquina.
La medida también complica la creciente relación comercial con India, que exporta a México productos farmacéuticos, textiles, autopartes y químicos. Los nuevos aranceles podrían frenar ese crecimiento y encarecer insumos esenciales.

Un 2026 decisivo para el comercio mexicano
Si el Senado confirma la propuesta, México entrará en 2026 con el mayor ajuste arancelario de la última década. Para el gobierno, la medida es clave para impulsar el llamado “nuevo modelo industrial mexicano”. Para los expertos, es un riesgo que puede desatar tensiones diplomáticas, encarecer la producción y poner en jaque sectores completos.
El reto será equilibrar la protección a la industria nacional sin frenar la competitividad, ni comprometer la estabilidad comercial con socios estratégicos.
México, en plena transición económica y bajo la mirada crítica de Washington, enfrenta así un complejo escenario global donde cada decisión puede redefinir su posición en el mapa económico de Norteamérica.
Fuente: Aristegui noticias





