Tel Aviv sacudido por nueva lluvia de misiles tras ataque a Irán
La madrugada del domingo se volvió caótica en Israel. A las 7:30 h local, una nueva oleada de misiles lanzados desde Irán activó las sirenas antiaéreas en varias ciudades. La ofensiva respondió a recientes bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel sobre infraestructuras iraníes.
En el norte de Tel Aviv, el vecindario de Shahar Keinan fue uno de los más golpeados.
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Su vivienda quedó reducida a ruinas. Aunque él y su familia lograron refugiarse a tiempo, los efectos psicológicos y materiales del ataque se suman a los de miles de residentes más, quienes ahora forman parte de los más de 9 mil desplazados que ha dejado esta guerra desde el 13 de junio.

Misiles y desplazamiento masivo
Entre los restos del edificio donde vivía Keinan, los objetos personales y dibujos infantiles flotan entre los escombros.
El refugio más cercano, situado bajo una estructura colapsada, albergó a 50 personas, lo que evitó una cifra de víctimas más alta.
Según fuentes oficiales, 22 personas resultaron heridas, la mayoría por ansiedad y caídas durante la evacuación.
La situación pudo haber sido más grave: una residencia de personas mayores, ubicada cerca del impacto, había sido evacuada días antes. Las autoridades insisten en que varios de los misiles alcanzaron infraestructuras estratégicas, aunque la censura militar impide divulgar detalles sobre los objetivos exactos.
Estados Unidos entra en la guerra
La respuesta iraní se da en un contexto nuevo: la entrada activa de Estados Unidos en el conflicto.
En una operación nocturna, aviones estadounidenses bombardearon instalaciones nucleares en Isfahán, Natanz y Fordó, esta última considerada una de las más protegidas de Irán.

Washington justifica la operación como una medida de defensa contra un actor que considera una amenaza regional. El gobierno de Israel confirmó que los bombardeos fueron coordinados entre ambos países.
Las cifras de víctimas varían: mientras las autoridades iraníes reconocen más de 430 fallecidos, la organización HRANA eleva el número a 800. Las represalias por parte de Teherán han dejado, hasta ahora, 24 muertos en Israel.
Impacto en la rutina civil
En Tel Aviv, la mañana transcurrió con relativa normalidad. Comercios abrieron y el transporte funcionó con ajustes. Aun así, la población permanece en alerta. Las alarmas antiaéreas se han convertido en parte del día a día.
El rabino Levi Mendelson, llamado como reservista, forma parte del equipo que trabaja entre los restos de los edificios impactados. Dice que el hecho de que no haya más heridos graves se debe a “los milagros de Dios”. A su alrededor, decenas de soldados continúan con las labores de búsqueda y asistencia.
Misiles como rutina
Las noches bajo alarma se han vuelto una constante para muchas familias israelíes. La incertidumbre se instala en hogares que han perdido no solo paredes, sino también la sensación de seguridad. Aunque la mayoría de los residentes logra llegar a los refugios a tiempo, el temor se cuela en las rutinas más simples.
Los refugios, diseñados para emergencias puntuales, se han transformado en centros improvisados de convivencia y contención emocional. Padres que antes compartían historias de buenas noches ahora explican a sus hijos por qué deben dormir bajo tierra.
Perspectiva de escalada
Con la entrada de Estados Unidos, la guerra entre Israel e Irán adquiere una dimensión internacional. Los bombardeos ya no responden únicamente a tensiones bilaterales, sino a un conflicto que crece en alcance e intensidad.
Mientras tanto, las cifras de muertos y heridos aumentan en ambos lados. La diplomacia permanece en silencio. La población, de ambos países, espera el próximo movimiento con incertidumbre, sabiendo que el conflicto se ha adentrado en una nueva etapa de consecuencias aún desconocidas.
Fuente: López Dóriga





