Nueva York se vistió de salsa y nostalgia este lunes 9 de marzo para despedir a Willie Colón, el trombonista, compositor y activista que transformó la música latina para siempre.
El funeral del artista, fallecido el 21 de febrero a los 75 años debido a complicaciones respiratorias, se celebró en la majestuosa Catedral de San Patricio, cumpliendo un deseo que el propio músico había manifestado en vida.
Centenares de personas se congregaron en la Quinta Avenida para darle el último adiós entre aplausos, banderas de Puerto Rico y, por supuesto, salsa. Una banda de trombones —el instrumento que convirtió en su sello personal— interpretó “La Murga” y “Che Che Colé” mientras el féretro ingresaba al templo, en una escena que fusionó la solemnidad religiosa con el ritmo callejero que caracterizó la obra de Colón.
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Una despedida con sabor a barrio
El servicio religioso fue oficiado por el obispo Joseph Espaillat, de origen dominicano. Durante la ceremonia, los hijos del músico, Diego y Alejandro Miguel Colón, ofrecieron un emotivo panegírico que arrancó sonrisas y lágrimas entre los asistentes.
“Todo el mundo conoce a Willie ‘El Malo’, Willie el salsero, Willie el compositor, pero para nosotros era papá. Era el hombre que nos enseñó a amar nuestra cultura, a caminar con orgullo boricua por estas calles y a no olvidar nunca de dónde venimos”, expresó Diego Colón ante los presentes.

Amigos, colegas y músicos que lo acompañaron durante décadas también tomaron la palabra. El trombonista Ozzie Melendez, quien colaboró con Colón en múltiples proyectos, lo recordó como un “mentor” y un “pionero” que abrió caminos para generaciones enteras de artistas latinos.
El adiós musical en las afueras
Mientras la ceremonia se desarrollaba en el interior de la catedral, en las escalinatas y los alrededores del templo decenas de seguidores que no pudieron ingresar corearon sus canciones y bailaron al ritmo de las trompetas y los timbales que músicos improvisados hicieron sonar en su honor.
La imagen de la Quinta Avenida convertida en una pista de baile improvisada fue el reflejo más fiel del legado de Colón: un hombre que llevó la música de su barrio en el Bronx a los escenarios más importantes del mundo sin perder jamás la esencia callejera que lo definió.
Un legado más allá de la música
Willie Colón, nacido el 28 de abril de 1950 en el sur del Bronx de padres puertorriqueños, no solo fue un músico excepcional. A lo largo de su trayectoria acumuló más de 40 producciones discográficas, 30 millones de discos vendidos, nueve Discos de Oro y cinco de Platino. Recibió 11 nominaciones al Grammy y en 2004 la Academia Latina de la Grabación le otorgó el Grammy a la Excelencia Musical.

Su obra, en colaboración con figuras como Héctor Lavoe y Rubén Blades, definió el sonido de la salsa y le imprimió un carácter social y narrativo que trascendió lo meramente bailable. Temas como “Pedro Navaja”, “El Gran Varón” y “Plástico” se convirtieron en himnos de crítica social y exploración de la identidad latina.
Tras el funeral, sus restos fueron trasladados al cementerio Woodlawn de Nueva York. Le sobreviven su esposa, Julia Colón Craig, con quien estuvo casado 49 años, cuatro hijos, una hermana y seis nietos.
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