Detienen a menores durante operativo contra rodadas en Cancún
Cancún, Quintana Roo. – A las 2:20 de la madrugada, el teléfono sonó en casa de María Hernández, del otro lado de la línea, la noticia que ningún padre quiere recibir: su hija de 17 años y su yerno de 15 habían sido detenidos durante un operativo contra rodadas en la ciudad.
Sin pensarlo, dejó todo y salió en su búsqueda, cómo ella, decenas de madres y padres llegaron a las instalaciones de los Juzgados Cívicos durante la madrugada, algunos aún con ropa de descanso, otros visiblemente angustiados, todos con la misma pregunta: ¿qué pasó con sus hijos?

La escena se repite cada vez con más frecuencia en Cancún, jóvenes muchos de ellos menores de edad participan en rodadas nocturnas que, entre adrenalina y descuido, terminan por convertirse en un riesgo para ellos mismos y para terceros.
Pero detrás de las cifras y los operativos de más de 100 detenidos, hay historias, María cuenta que su yerno fue presuntamente golpeado al momento de la detención.
“Le dijeron que se tirara al suelo y aun así lo agredieron, no se resistió”, relata, mientras espera noticias, su hija, asegura, nunca había pasado por una situación similar.


A su alrededor, otras familias comparten la misma incertidumbre, padres que llevan horas esperando, madres que cuestionan en silencio, rostros cansados que reflejan una mezcla de enojo, preocupación y resignación.
“Hay niños de 13 o 14 años… esto ya se salió de control”, dice María, también recuerda haber visto a una adolescente embarazada, detenida sin la presencia de su madre, una imagen que, afirma, la dejó marcada.
La realidad es compleja por un lado, muchos padres, como ella, reconocen que las rodadas son peligrosas y apoyan los operativos para frenarlas.
“Sí, se tiene que acabar, porque es un riesgo, losnjóvenes no piensan en las consecuencias”, admite.


Por otro, cuestionan la forma en que se ejecutan estas acciones, especialmente cuando hay señalamientos de uso excesivo de la fuerza.
Mientras amanece en Cancún, las puertas de las instalaciones siguen abriéndose lentamente para liberar a los menores. Afuera, las familias esperan.
Porque más allá de operativos y estadísticas, la problemática revela una realidad más profunda: jóvenes en busca de identidad y adrenalina, familias rebasadas por la situación y autoridades intentando contener un fenómeno que crece en las calles.
Una madrugada más en Cancún, donde la seguridad, la juventud y la familia se cruzan en una misma historia
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