Hay cosas que solo internet podía parir. En las últimas semanas, dos tendencias virales han copado los algoritmos de TikTok y encendido debates que trascienden fronteras: el “hobby dogging” alemán —personas que pasean perros imaginarios con correa— y los therians latinoamericanos —jóvenes que afirman sentir una conexión espiritual con animales y lo expresan en público. A simple vista podrían parecer lo mismo. No lo son. Y la diferencia es abismal.
Mientras unos juegan a tener una mascota que no existe, otros defienden que su identidad profunda está ligada a una especie animal. La línea entre la simulación y la vivencia personal se ha vuelto, cuando menos, borrosa.
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Imagen ilustrativa creada por IA
Hobby Dogging: El arte alemán de pasear lo que no existe
En Bad Friedrichshall, Alemania, una entrenadora canina de 65 años llamada Barbara Gerlinger inició lo que parecía una herramienta de entrenamiento y terminó siendo un fenómeno global. El hobby dogging consiste en salir a pasear con una correa real —muchas veces reforzada con alambre para simular tensión— y recrear rutinas completas de paseo: dar órdenes, simular recoger desechos, superar obstáculos y “premiar” a la mascota invisible con caricias imaginarias.
Gerlinger lo diseñó originalmente para que dueños de perros reales practicaran su postura, tono de voz y manejo de la correa sin distracciones. Pero el algoritmo decidió otra cosa. Hoy, videos de personas caminando con correas vacías acumulan millones de reproducciones, y lo que nació como ejercicio se ha convertido en una actividad recreativa, una forma de socialización y, para algunos, una herramienta contra la soledad.
“Es un poco loco, pero ¿qué no es loco? Vivimos en un mundo loco”, admite la propia Gerlinger, sin tomarse a mal las críticas.
Participantes como Anette Hilkert, de 61 años, defienden la práctica con argumentos prácticos: ensayar con su perro imaginario “Chantal” le sirve para luego aplicar lo aprendido con su perro real, Mottchen. Psicólogos consultados por medios internacionales señalan que actividades como esta pueden reducir el estrés y establecer rutinas saludables.
Therians: Cuando la identidad se viste de lobo o zorro
Del otro lado del océano, el fenómeno es radicalmente distinto. Los therians —término que proviene de “therianthropy”, la unión de las palabras griegas para “bestia” y “ser humano”— han cobrado fuerza en países como Argentina, Uruguay, Chile, Perú y México.
Quienes se identifican como therians afirman experimentar una conexión involuntaria, espiritual o psicológica con un animal específico, al que llaman “teriotipo”: generalmente lobos, zorros, felinos o perros. No están jugando. No es un disfraz. Es, según explican, una vivencia interna profunda que forma parte de su identidad personal.
“Mi vida cotidiana es la de cualquier otra persona, pero encuentro una conexión especial al correr, cavar o reunirme con mi ‘manada’ en entornos naturales” , explicó Lexi, un joven argentino que se identifica como zorro, en una entrevista con Infobae.
La expresión pública de esta identidad incluye la práctica de “quadrobics” (ejercicios en cuatro extremidades que imitan movimientos animales), el uso de máscaras artesanales, colas sintéticas y comportamientos como olfatear, aullar o maullar. Se reúnen en “manadas” en parques y espacios abiertos.
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Therians vs. Furries: La confusión constante
A los therians también se les confunde con los furries, pero la diferencia es sustancial. El movimiento furry es un fandom artístico y recreativo: sus integrantes crean personajes antropomórficos (animales con características humanas), utilizan trajes completos llamados “fursuits” y participan en eventos de cosplay. Es una afición voluntaria.
Los therians, en cambio, describen su identidad como involuntaria. No es un personaje. No es entretenimiento. Es, dicen, una forma de estar en el mundo que emerge en momentos específicos.
La polémica en América Latina: Mordeduras y encuentros desmentidos
La exposición masiva de los therians también les ha traído problemas. En Buenos Aires, se reportó un incidente en el que un joven identificado como therian mordió a una niña, hecho que encendió alarmas y reabrió preguntas sobre los límites de la convivencia en espacios públicos.
En Panamá, circuló una convocatoria para un “Primer Encuentro de Therians” en el Parque Omar, que las autoridades desmintieron rotundamente: el evento no contaba con autorización.
Mientras estos jóvenes defienden su derecho a la autoexpresión, otros sectores cuestionan hasta dónde debe normalizarse una conducta que rompe códigos sociales tradicionales, especialmente cuando involucra a menores de edad.
Un fenómeno de época
Tanto el hobby dogging como los therians reflejan algo más profundo: cómo las nuevas generaciones utilizan internet para explorar la identidad, la autoexpresión y nuevas formas de socialización fuera de las normas convencionales. Unos encuentran en la simulación lúdica una herramienta para el bienestar emocional. Otros hallan en la comunidad therian un espacio de validación y pertenencia.
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