Cancún, QuintanaRoo.- La próxima reapertura del Centro de Bienestar Animal de Cancún y la anunciada colocación de la primera piedra del hospital veterinario municipal marcan un avance en la atención al bienestar animal; sin embargo, ambos proyectos evidencian también el rezago histórico con el que el municipio ha enfrentado la problemática del abandono y la sobrepoblación de animales en situación de calle.
El director de Ecología, Fernando Haro Salinas, informó que el centro retomará la atención al público esta misma sema tras concluir trabajos de remodelación, saneamiento y reestructuración interna que incluyeron la renovación de jaulas, la habilitación de un nuevo consultorio, mantenimiento de equipos y la adquisición de insumos veterinarios.

Aunque las mejoras buscan prevenir contingencias sanitarias y optimizar la operatividad, la capacidad de resguardo se mantiene prácticamente sin cambios: apenas alrededor de 55 animales.
La autoridad sostuvo que durante el periodo de obras el centro nunca dejó de operar y continuó con la atención de denuncias por maltrato animal, así como con campañas de esterilización y vacunación. No obstante, ciudadanos y rescatistas señalan que la percepción social fue de cierre y poca respuesta, reflejo de una comunicación institucional deficiente en un contexto de alta demanda.

Las cifras dimensionan el reto: mientras en Cancún se estima una población de entre 150 mil y 200 mil perros en situación de calle, el Centro de Bienestar Animal solo puede atender una fracción mínima de los casos, esta desproporción obliga a que gran parte de la carga recaiga en asociaciones civiles, refugios y rescatistas independientes, quienes operan con recursos limitados y, en muchos casos, sin apoyo suficiente de las autoridades.
En este escenario, el anuncio del hospital veterinario municipal genera expectativas, si bien ya se conformó el Comité de Contraloría Social de Obra y se prevé colocar la primera piedra este mes, activistas como Sara Rincon, de la Sociedad Protectora de Animales han advertido que la infraestructura, por sí sola, no resolverá el problema si no se acompaña de políticas públicas claras, presupuesto sostenido y una estrategia integral de prevención del abandono.






