El IMSS de Quintana Roo y Yucatán efectuaron cuatro cirugías de trasplante de riñón y beneficiaron a una mujer y tres hombres.
Cada uno de los pacientes recibió un riñón que les brinda una nueva oportunidad de vida.
El procedimiento estuvo a cargo de Jorge Martínez Ulloa, jefe de Departamento Clínico de la Unidad de Trasplantes de la Unidad Médica de Alta Especialidad (UMAE) de Mérida.
El equipo multidisciplinario realizó el procedimiento el 21 de abril y procuró los cuatro órganos de dos mujeres con muerte cerebral y gracias a la decisión y generosidad de sus familiares fue posible obtener sus riñones.
“Fue un trasplante simultáneo que se hizo de donantes de personas fallecidas, la primera fue una mujer de 37 años en Cancún, Quintana Roo, nos desplazamos a procurar los órganos y mientras se realizaban dos trasplantes aquí en Mérida, nos avisaron de otra donante, una mujer de 57 años, y al término de las operaciones nuevamente entramos a la cirugía de procuración y hacer los dos trasplantes subsecuentes”, detalló.
Martínez Ulloa destacó que fue llevar a cabo los trasplantes de manera simultánea tuvo un proceso de logística complicado, pues se requiere de dos equipos, uno quirúrgico que se desplaza y valora al potencial donador, que los órganos se encuentren en buenas condiciones y descarta riesgos sanitarios en el trasplante.
En tanto el equipo clínico avisa a entre seis y ocho potenciales receptores del riñón, realiza una serie estudios de compatibilidad, sangre y estado de salud, así como la edad entre donante y receptor, a fin de que el Comité de Trasplantes decida qué pacientes son los mejores candidatos para recibir el órgano, explicó.
Destacó la capacidad de respuesta de la UMAE, así como del personal que apoyó con el traslado en ambulancia, a enfermería y diversas especialidades.
Alfredo con 30 años, pasó una tercera parte de su vida en tratamiento con diálisis peritoneal para tratar de preservar la función de su riñón. “Llegó un momento en que lo veía imposible. Por eso estoy muy agradecido con la persona que se volvió un ángel por regalarnos esto que nos está ayudando a salir adelante; sin problemas ni tratamientos cansados y dolorosos”.
Por causa de la hipoplasia renal, que es la falta de desarrollo de los riñones, esperó por 10 años un trasplante; hoy asegura que tiene una nueva vida y un cambio total. “Estoy muy agradecido con los médicos, enfermeros, toda la institución, pues se portaron a la altura”.
Un caso similar fue el de Daricela “N”, de 26 años, a quien le fue detectado el mismo padecimiento; por cinco años y medio estuvo en lista de espera para recibir riñón nuevo.
A los familiares de los donantes de órganos “gracias por darme esa oportunidad de seguir adelante, con una vida normal, solo estar en casa. Ahora pienso retomar mis estudios y darle más atención a mi hijo, que tiene ocho años”, resaltó.
Por su parte, el señor Octavio “N” padeció por siete años litiasis renal. A lo que se sumó que desde su nacimiento uno de sus riñones era muy pequeños y no fue funcional.
“Es desesperante estar en el tratamiento de hemodiálisis, pero nunca perdimos la fe; es un orgullo tener a personas que hacen este tipo de donaciones, pensando que le hacen un bien al prójimo. Muchas gracias por haber donado sus órganos y a la vez salvándonos de probablemente haber muerto”, enfatizó el paciente de 55 años de edad.
En el caso de Rubén “N”, de 43 años, se mantuvo siete años en lista de espera. Mismo tiempo en que le fue diagnosticada insuficiencia renal crónica y que deterioró su calidad de vida. Lo que lo llevó a dejar el trabajo y tener limitantes hasta para realizar esfuerzos.
“Actualmente me siento bien, sufrí mucho en el tiempo que estuve dializándome y ahora tengo una oportunidad de vida. Estoy muy agradecido porque sé que los familiares tomaron una decisión muy difícil; también con el Instituto, el equipo de médicos y toda la rama de enfermería”, destacó.
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