El republicano Donald Trump ha logrado una victoria significativa en el disputado estado de Pennsylvania, uno de los principales campos de batalla en las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Con este triunfo, Trump ha alcanzado un total de 267 votos del Colegio Electoral, acercándose peligrosamente a los 270 necesarios para asegurar su regreso a la Casa Blanca, lo que deja a la demócrata Kamala Harris con pocas opciones de remontar.
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Un triunfo en un estado clave
Pennsylvania, con aproximadamente 13 millones de habitantes y 19 votos electorales, se ha consolidado una vez más como el epicentro de la batalla electoral. El estado, tradicionalmente conocido por ser un “swing state” o estado péndulo, ha sido clave en los últimos comicios, donde los márgenes de victoria han sido estrechísimos. Esta vez, la victoria de Trump refuerza aún más su posicionamiento en la carrera presidencial, luego de haber obtenido también los estados disputados de Carolina del Norte y Georgia en las elecciones de este martes.
La ventaja obtenida por Trump en Pennsylvania refleja una clara remontada política, considerando que hace solo cuatro años fue derrotado en este mismo estado por Joe Biden, quien logró una victoria ajustada con 82,166 votos de diferencia. A pesar de la tendencia demócrata de los últimos comicios, el triunfo de Trump en Pennsylvania muestra que el estado continúa siendo un terreno de disputa feroz, donde los electores se decantan por ambos partidos con una volatilidad alarmante.

Trump repite la hazaña de 2016
La victoria de Trump en Pennsylvania no es una sorpresa total. En 2016, el entonces candidato republicano había logrado una sorpresiva victoria en este estado frente a Hillary Clinton, lo que resultó ser un factor crucial para su victoria en la carrera presidencial. En aquel entonces, los demócratas llevaban seis elecciones consecutivas ganando en Pennsylvania, un estado históricamente considerado como parte del llamado “muro azul”, una región donde el voto obrero era decisivo.
Trump, al igual que en 2016, ha conseguido movilizar a una base de votantes que, aunque más pequeña en comparación con el resto del país, ha sido suficiente para darle el empujón necesario para alzarse con la victoria. En 2016, Trump ganó a Clinton por una diferencia de apenas 44,284 votos, el margen más estrecho de las últimas cinco elecciones. Sin embargo, la victoria en 2024 representa una reafirmación de la capacidad de Trump para conectar con los votantes de Pennsylvania, a pesar de los esfuerzos de la demócrata Kamala Harris por conquistar el voto obrero de este crucial estado.

Harris pierde terreno en el “muro azul”
El desafío de Kamala Harris para recuperar el voto obrero en Pennsylvania no fue fácil. Aunque Biden logró una victoria en este estado en 2020, con un margen considerablemente más amplio que el de Trump en 2016, el apoyo a los demócratas ha mostrado signos de desgastarse en los últimos años. Las políticas de Biden y su administración han tenido un impacto mixto en este sector, especialmente en las comunidades laborales de las zonas rurales y la clase trabajadora.
Para intentar cambiar esta dinámica, Harris ha contado con el apoyo de figuras republicanas moderadas, como Liz Cheney, la hija del exvicepresidente Dick Cheney, quien ha criticado abiertamente a Trump dentro de su propio partido. Cheney se unió a Harris en varias de sus campañas en Pennsylvania, buscando atraer a los votantes moderados que se sienten incómodos con la polarización extrema del Partido Republicano. Sin embargo, este esfuerzo no logró decantar la balanza a favor de la demócrata.
El toque personal de Trump: ¿papas fritas y una campaña populista?
En un giro peculiar en su campaña, Trump aprovechó un evento en las afueras de Filadelfia para dar un toque personal a su estrategia de comunicación, mostrando una cara más cercana a la gente. En una imagen que rápidamente se viralizó en redes sociales, el expresidente se colocó un delantal y repartió papas fritas en un McDonald’s local, mientras aprovechaba para responder a las críticas de Kamala Harris. La vicepresidenta había afirmado en su campaña que, durante su juventud, trabajó en esta cadena de comida rápida, algo que Trump rápidamente desmintió, acusándola de “inventar historias”.
Este acto, que podría parecer un gesto trivial, fue en realidad una estrategia de campaña astuta para conectar con los votantes de clase trabajadora, particularmente aquellos que valoran los gestos populistas y cercanos a las costumbres de la vida diaria. El simbolismo de Trump sirvió para contrarrestar los esfuerzos de Harris de posicionarse como la defensora de la clase obrera, presentándose como una opción más auténtica y accesible.

¿Qué sigue para la carrera presidencial?
Con la victoria en Pennsylvania, Trump ha dado un paso crucial hacia la Casa Blanca, pero todavía necesita un pequeño impulso para alcanzar los 270 votos del Colegio Electoral. Si bien la demócrata Kamala Harris ha quedado rezagada con 224 votos hasta el momento, su campaña no está totalmente acabada, aunque la diferencia de votos es considerable.
Fuentes: Latinus
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