Flores, silencio y rabia acompañan el cuerpo del estudiante de 16 años; su historia sacude a todo México
Veracruz.— El ataúd blanco de Jesús Israel Hernández llegó envuelto en dolor. Tenía 16 años, estudiaba en el CCH Sur y soñaba con ser ingeniero. Fue asesinado brutalmente dentro del plantel el pasado 22 de septiembre, en un ataque que dejó al país en shock y a su familia rota.

Afuera de la casa donde lo velan, coronas fúnebres, veladoras y vecinos en silencio. Adentro, cuatro cirios rodean su cuerpo, junto a una fotografía donde aún sonríe. “Ya está en casa”, dicen sus abuelos, mientras amigos y familiares llegan desde Iztapalapa y municipios cercanos para despedirse.
Jesús fue atacado con una guadaña por Lex Ashton, un joven de 19 años que irrumpió encapuchado en el edificio de idiomas. También intentó herir a la novia de Jesús y lesionó a un trabajador de 65 años. Tras el ataque, Ashton se lanzó desde el tercer piso y sobrevivió con fracturas.
La comunidad estudiantil exige justicia. En el CCH Sur, estudiantes han salido a las calles con pancartas que dicen: “No me quiero morir en la escuela”. Padres piden detectores de metales, cámaras y vigilancia permanente. El rector de la UNAM, Leonardo Lomelí, prometió una investigación profunda.

Jesús será sepultado tras una misa de cuerpo presente. Su historia no se borra: se convierte en símbolo de una generación que exige vivir sin miedo, estudiar sin violencia y regresar siempre a casa.
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