El Foro Gran Tlachco de Xcaret no fue solo un escenario el domingo pasado: fue un semillero de sueños. La quinta edición del Festival Paax GNP cerró con un concierto que no quiso hablar de despedidas, sino de futuros posibles. Bajo la batuta de Alondra de la Parra, más de un centenar de niños y niñas de la Orquesta Infantil y Juvenil Armonía Social compartieron el escenario con músicos profesionales, demostrando que la música clásica no es cosa del pasado, sino una herramienta viva de transformación social.

El sol del Caribe iluminaba el Foro Gran Tlachco aquel mediodía de este domingo. Más de ocho mil personas se congregaron para ser parte de este cierre inolvidable. El ambiente vibraba con una mezcla de nerviosismo y emoción.

Del backstage llegaban los últimos acordes de los jóvenes músicos afinando sus instrumentos: violines, chelos, flautas y percusiones. Para muchos de ellos, aquel no era un concierto cualquiera.

Era la culminación de meses de esfuerzo y dedicación en el programa Armonía Social, que durante todo el año ofrece educación musical gratuita a niñas, niños y jóvenes de 6 a 16 años en el sureste mexicano.
La directora de orquesta más importante de México, Alondra de la Parra, tomó el escenario. La orquesta, integrada por 121 niños y 40 músicos profesionales de La Orquesta Imposible, musicalizaron Carmen. Las notas vibraron en el aire. Y desde la primera melodía, quedó claro que aquello era más que un concierto: era una declaración de principios.

Entre pieza y pieza, de la Parra compartió con el público su sueño más profundo: que la práctica orquestal sea un derecho, no un privilegio. “¿Qué aprende un niño en una orquesta?”, preguntó a los asistentes. La respuesta llegó con una certeza que resonó en todo el foro.
“Un niño que toca en una orquesta aprende a llegar a tiempo, a respetar el silencio, a escuchar a los demás y a ser generoso. Es un niño que ya sabe del respeto al tiempo de los demás y de sí mismo… Es un niño que sabe ser generoso. Por eso creo que la práctica orquestal es parte fundamental de la educación humana, y debería ser un absoluto derecho para todos los niños mexicanos.”

Los pequeños músicos demostraron que su talento no conocía de edades. Con el apoyo de La Orquesta Imposible, interpretaron obras monumentales: “Finlandia” de Sibelius, la “Sinfonía de los juguetes” atribuida a Haydn, y la “Sinfonía núm. 5” de Beethoven. La ejecución impecable y la emoción desbordante de los niños demostraron que se puede abordar el gran repertorio desde el principio, sin importar la edad, cuando hay disciplina, pasión y, sobre todo, un proyecto que cree en ellos.

El concierto no solo fue el broche de oro de 11 días de música, ópera, zarzuela y danza, que reunieron a más de 100 artistas de cuatro continentes. Fue la constatación de que un proyecto como Armonía Social no es solo una apuesta cultural, sino una inversión en el futuro de México. Alondra de la Parra lo resumió con claridad:
“Los niños que tocan en la orquesta ya aprendieron muchas habilidades. Se dediquen o no a la música, ya son diferentes, con más conocimientos.”

El festival, patrocinado por GNP Seguros, se ha consolidado como uno de los encuentros culturales más relevantes de México. Y su legado más palpable no está en las cifras, sino en la sonrisa de los niños que, al terminar el concierto, guardaban sus instrumentos sabiendo que habían hecho algo extraordinario.
La directora de orquesta se despidió con un “¿Quieren otra?” a lo que el público, emocionado, respondió con un rotundo “¡Sí!”. Y la música siguió dejando en los presente una tarde que, sin duda, quedará grabada.

Porque, como ella misma lo dijo: “No se trata de formar músicos, se trata de formar seres humanos completos”. Y este domingo, en el corazón de la Riviera Maya, la música cumplió su promesa.
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