Bullying en Quintana Roo: 75 casos y una cifra negra que preocupa
Chetumal.— Mientras el Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM) consulta a niñas, niños y adolescentes sobre la convivencia escolar, en Quintana Roo el acoso escolar sigue siendo una asignatura pendiente. En lo que va del ciclo escolar 2025-2026, la zona norte del estado —Cancún, Playa del Carmen, Tulum y Cozumel— registró 75 casos de bullying hasta marzo de este año y 26 reportes de ciberacoso, de acuerdo con la Secretaría de Educación de Quintana Roo (SEQ).
La cifra, sin embargo, está lejos de reflejar la dimensión real del problema. Especialistas y autoridades coinciden en que existe una “cifra negra” de casos que no se denuncian por vergüenza, temor a represalias o falta de mecanismos eficaces en las escuelas. El vicepresidente de la Asociación Nacional de Padres de Familia, Sergio Acosta Manzanero, estimó que en la entidad existen más de 100 casos de acoso y abuso escolar no denunciados en todos los niveles educativos.
El testimonio de las familias
En Cancún, un sondeo entre tutores de estudiantes de nivel básico reveló que al menos tres de cada 10 han sido víctimas o testigos de violencia en el aula. “Mi hijo ha sufrido burlas constantes por su forma de hablar y vestir; eso le provocó ansiedad y ya no quiere ir a la escuela”, relató Laura N., madre de un alumno de secundaria.
Otra madre, Claudia R., señaló que muchos casos no se denuncian. “Los niños tienen miedo de hablar porque luego los atacan más”, dijo. “Conozco al menos dos casos donde los grupos de chat se usan para burlarse de un solo alumno”.
El acoso ya no se limita al aula. Se traslada a los teléfonos y redes sociales. “Ahora el acoso continúa después de la escuela”, advirtió otra tutora. “He visto capturas de mensajes donde se amenazan entre ellos”.
Aranza, 14 años: el aula que se volvió hostil
Aranza (nombre cambiado para proteger su identidad) tiene 14 años y cursa la secundaria técnica en Cancún. Desde hace meses vive acoso y bullying en su escuela, a tal grado que ya no quiere ir. En casa es feliz; en el salón, no. Mantiene sus tareas al día, pero las pocas veces que asiste, sus compañeras la señalan y difunden en grupos imágenes ofensivas de ella. Le dicen que se vaya, que no la quieren ahí, que nunca va.
Su cuerpo se desarrolló de forma extrema, y de eso también se burlan. Su madre relató que Aranza y ella acuden a terapia psicológica y a terapia holística buscando revertir el síndrome del impostor que ya desarrolló: la sensación de no merecer estar donde está, de ser un error en el salón.
“Ella es feliz en su entorno de casa, no así cuando llega a la escuela”, contó la madre. La decisión ya está tomada: dejará de llevarla. La escuela tiene conocimiento del caso y apoya con el cambio de plantel. Pero para la madre, eso no basta. “No bastará porque la violencia quedará ahí, en ese salón de clases donde todo está permitido”, lamentó.
El caso de Aranza no es un expediente más. Es la cara de las más de 100 denuncias que no llegan a la SEQ, de los menores que dejan de asistir y de las familias que buscan terapia por su cuenta porque el protocolo escolar no frena la violencia. La SEQ no ha informado cuántos casos como el suyo se han atendido en lo que va del ciclo escolar.
La mirada experta
La doctora en educación inclusiva Mariana Flores Gutiérrez, consultora del Conapred, sostuvo que el bullying no debe verse como un “problema entre niños”, sino como un síntoma de fallas estructurales en la convivencia escolar. “Se falla en el seguimiento y la transparencia”, afirmó.
Flores Gutiérrez advirtió que muchos docentes normalizan conductas agresivas porque no reciben capacitación para abordarlas desde una perspectiva de derechos y salud mental. Para pasar de las conmemoraciones a la protección real, propuso un registro estatal de casos, psicólogos en las escuelas, capacitación evaluable para docentes y protocolos con seguimiento público sobre sanciones y reparación del daño.
Desde el ámbito clínico, la psicóloga infantil Lilian Negrete, directora del Centro de Integración Juvenil en Cancún, alertó que el acoso “no es un incidente aislado, es un proceso que mina la autoestima del menor, lo aísla y puede derivar en crisis de ansiedad, depresión o incluso conductas autolesivas”.
El protocolo que no se aplica
La SEQ cuenta con un Protocolo para la Prevención, Actuación y Sanción en casos de Abuso Sexual, Acoso y Maltrato Escolar para educación básica. Sin embargo, pedagogos y profesionales en derechos humanos han señalado que los esfuerzos son “fragmentados” y que la aplicación del protocolo no siempre se traduce en resultados verificables.
En Playa del Carmen, las zonas con mayor incidencia son Villas del Sol y Luis Donaldo Colosio, donde se han realizado campañas de prevención sin que se informen resultados. A nivel estatal, la SEQ ha focalizado 36 colonias y 309 escolares con mayor índice de violenciaen los 11 municipios, pero los índices de violencia en los centros escolares aumentaron durante 2023.
La consulta que el IECM realiza en la Ciudad de México —con preguntas adaptadas a la edad de los menores, del 1 al 30 de noviembre— es un ejercicio que en Quintana Roo no tiene equivalente. Aquí, las voces de los estudiantes rara vez llegan a las autoridades. Cuando lo hacen, suele ser a través de padres y colectivos que advierten que los casos siguen sin atenderse.



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