Cecilia Giménez, la octogenaria española que en 2012 realizó la restauración amateur del ‘Ecce Homo’ de Borja, una acción que generó primero burlas globales y luego un inesperado fenómeno cultural y turístico, ha fallecido este lunes 29 de diciembre de 2025 a los 94 años. La noticia fue confirmada por el alcalde de la localidad zaragozana y el Santuario de la Misericordia, donde residía en sus últimos años.
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Una restauración que cambió el destino de un pueblo
En agosto de 2012, Cecilia Giménez, entonces una pintora aficionada de 81 años, decidió intervenir un fresco del Ecce Homo (una representación de Jesucristo) pintado por Elías García Martínez hacia 1930 en el Santuario de la Misericordia de Borja. La obra, de modesto valor artístico y en avanzado estado de deterioro, fue repintada por Giménez con buenas intenciones pero sin la técnica adecuada, alterando por completo los rasgos originales.
El resultado, difundido primero por un blog local y luego por el Heraldo de Aragón, se convirtió en un fenómeno viral sin precedentes. La imagen, apodada irónicamente “Ecce Mono”, inspiró miles de memes, fue portada de medios internacionales como la BBC, The New York Times y Le Monde, e incluso generó una ópera y merchandising.

De la burla al cariño y al beneficio social
La repercusión inicial sumió a Cecilia Giménez en una profunda depresión y ansiedad. Sin embargo, con el tiempo, la burla dio paso a un sentimiento de cariño y complicidad, especialmente en su pueblo. Lo que parecía un desastre cultural se transformó en un auténtico “milagro” económico para Borja.
El santuario, que antes recibía pocas visitas, se convirtió en una atracción turística global:
· El primer año llegaron más de 70.000 visitantes, cifra que se ha estabilizado en unos 10.000-11.000 anuales en los últimos años.
· La entrada, de 3 euros, se destina íntegramente a la Fundación Hospital Sancti Spiritus, que atiende a personas mayores con pocos recursos.
· Se han creado empleos y se ha dinamizado el comercio local.
· Cecilia Giménez llegó a un acuerdo por el cual recibía el 49% de los derechos por el uso de la imagen, dinero que destinaba a un fondo para ayudar a personas con la misma enfermedad que su hijo.

Una vida de sacrificio y legado perdurable
Más allá del fenómeno viral, Cecilia Giménez tuvo una vida marcada por el sacrificio. Quedó viuda joven, perdió a un hijo por una enfermedad degenerativa y dedicó su vida a cuidar a su otro hijo, que vive con una discapacidad. Su motivación para restaurar el fresco surgió, en parte, de la devoción y del deseo de cuidar el patrimonio de su comunidad.
A pesar del daño irreparable a la obra original, expertos y pensadores han reflexionado sobre el valor cultural de lo ocurrido. Algunos lo han calificado como un “icono pop” del siglo XXI y un ejemplo de cómo el arte puede surgir de formas inesperadas. El fresco, tal como quedó tras su intervención, se ha conservado y hoy es el núcleo de un centro de interpretación que explica toda la historia.

El alcalde de Borja, Eduardo Arilla, la ha definido como “una de las personas más queridas” del pueblo, destacando su generosidad.
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