Actualmente no se vende pollo en Guerrero.
A lo largo de diferentes días, los mercados cerraron para protestar por la delincuencia.
Durante varios días, diferentes mercados de la ciudad han amanecido con las pollerías cerradas, en son de protesta.
El cierre y el covid han sido especialmente duros con la cadena de productores, distribuidores y vendedores de pollo.
Este miércoles, por fin, la mayoría de los locales han abierto, atajando la crisis. Al menos de momento.
La huelga del pollo responde a una cadena de sucesos que se pierde atrás en el tiempo, pero que puede contarse por capítulos.
El último empezó el 6 de junio, cuando un grupo de sicarios atacó a balazos a Tomás Ramírez, un distribuidor de pollo, en el mercado Baltazar R. Leyva.
Ramírez murió en los pasillos del mismo centro. Días más tarde, sicarios atacaron a otro distribuidor, en la salida del mismo mercado, cuando marchaba con su vehículo. También murió.
El fin de semana pasado, en Petaquillas, Los Ardillos atacaron una granja de pollos.
La zona serrana ubicada en Quechultenango, es el bastión de uno de los grupos criminales más relevantes de la zona.
Murieron seis personas, entre ellas el dueño y su hija, una niña de 12 años. Dos trabajadores resultaron heridos.
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Siguiendo la pista
La prensa regional vinculó estos asesinatos con otros contra integrantes de gremios distintos. En particular, el del transporte público.
Así, entre el 6 y el 7 de junio, uno o varios grupos criminales incendiaron dos camionetas y tres taxis en Petaquillas, vehículos que cubren la ruta entre la comunidad y Chilpancingo.
Es difícil determinar la relación entre ambos sucesos. Particularmente, porque ambas actividades, el transporte y el comercio, suelen ser objetivo de actores violentos que buscan ingresos por el cobro de piso.
El obispo retirado de Chilpancingo, Salvador Rangel, ha seguido de cerca los últimos sucesos.
Antes aquí había dos grupos, Los Tlacos y Los Ardillos. Había cierta tregua entre ellos, pero ahora ha aparecido otro grupo que dependía de Los Tlacos, se llaman Los Jaliacos. Ellos quieren echar a pelear a Tlacos con Ardillos para quedarse con la plaza Los Jaliacos .
narra.
Este grupo de Los Jaliacos son los que cobran impuestos sobre pollo, pan, de todo”, relata.
La extorsión está a la orden del día. Si bien parece una distracción, al menos en parte, con fatales consecuencias para los agremiados.
Maria Teresa Martínez, profesora e investigadora del TEC de Monterrey, especialista en mecanismos de protección, legales e ilegales, señala precisamente que “la extorsión, una actividad predatoria que se mantiene en el tiempo, se plantea como una manera de demostrar control. El que domina el mercado de la extorsión demuestra un control territorial”, argumenta.
Martínez, que actualmente estudia la extorsión y el cobro de piso en Tijuana, añade: “Cuando el Estado, oferente principal de protección, no llega, aparecen otros actores. Estos pueden ser más o menos organizados, tampoco hace falta la gran organización detrás, solo la reputación. Como en todo mercado, aquí se trata de ver quién se lleva las mayores ganancias”.
En el caso de Chilpancingo, el objetivo es controlar en el caos, más que el control.
La escasez explicativa de la Administración en Guerrero puede ser una estrategia comunicativa, pero también el reflejo de su capacidad para controlar el ecosistema criminal en la región.
Dice Martínez: “Más allá de la coyuntura, de las extorsiones al pollo, a la mina, al pescado, importa cómo están o no están organizados los empresarios o comerciantes, su relación con el Estado y la prevalencia de los proveedores de protección. Que al final es el origen de la mafia, la oferta de protección, no los mercados ilegales”, concluye.


