La depresión es una lucha íntima y profunda que hoy afecta a más de 3.6 millones de mexicanos, pero una sombra aún más grande la cubre: más de la mitad de estas personas nunca recibe un nombre para lo que vive, ni una mano que la ayude a salir.
Hoy, 13 de enero, Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, recordamos que no se trata de una simple tristeza que pasa, sino de una realidad que exige nuestra comprensión y nuestro corazón abierto.
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La voz de un especialista que nos ayuda a entender
Es importante diferenciar la tristeza, una emoción humana y natural ante las pérdidas, de la depresión, que es un trastorno que se instala en la vida de una persona.
El Dr. Alonso Morales Rivero, psiquiatra del Centro Médico ABC, explica que la depresión se caracteriza por un ánimo bajo persistente y por la anhedonia, que es la pérdida de la capacidad de sentir placer o interés por las cosas que antes se disfrutaban. Estos síntomas, junto a alteraciones en el sueño y el apetito, una sensación abrumadora de culpa y dificultades para concentrarse, permanecen durante al menos 15 días.
Lo que marca la diferencia es cuando ese dolor ya no te deja vivir; cuando interfiere con tu día a día, con tu trabajo, con tu capacidad de conectar con los demás. Cuando uno pierde su funcionalidad y deja de disfrutar lo que antes le gustaba, no hablamos de una emoción pasajera, sino de una enfermedad que requiere atención.

Un problema doble: la urgencia de la situación y las barreras invisibles
A pesar de ser una condición tratable, una barrera enorme impide que las personas busquen ayuda: el estigma. Los trastornos de salud mental han estado durante mucho tiempo envueltos en prejuicios, en un “velo de misticismo” que genera más curiosidad que compasión.
Este estigma social, que también ha afectado a los profesionales de la psiquiatría y la psicología, hace que millones sientan miedo, vergüenza o incomprensión al pensar en pedir apoyo. No es solo un problema individual; es un problema que como sociedad debemos desarmar con empatía y educación.
La pandemia de COVID-19 no hizo sino profundizar esta herida colectiva, aumentando la prevalencia de la depresión en todo el mundo, especialmente entre adultos jóvenes y personas mayores.
Un llamado a la esperanza: la recuperación es posible
Hoy es un día para recordar algo fundamental: la depresión tiene diagnóstico, tiene tratamiento y tiene un buen pronóstico. Cuando se aborda a tiempo y de manera adecuada, la mayoría de las personas pueden recuperar su bienestar y su alegría de vivir.
El camino comienza con la detección temprana, incluso desde la consulta con el médico de cabecera, y con la valentía de normalizar el cuidado de nuestra salud mental, tan vital como el cuidado de nuestro cuerpo.
Si sientes que la tristeza ha dejado de ser pasajera y se ha convertido en una losa que te pesa cada día, si has perdido el interés por la vida, o si conoces a alguien que está en esa situación, recuerda: no estás solo, no está sola. Buscar ayuda es un acto de fortaleza, no de debilidad.
Hoy, y todos los días, extendamos la mano, rompamos el silencio y construyamos una red de apoyo donde nadie tenga que luchar en la oscuridad.
Fuentes: López Dóriga
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