La Organización Meteorológica Mundial (OMM) ha lanzado una alerta sin precedentes: el actual episodio de El Niño podría convertirse en el más potente desde que se comenzó a monitorear este fenómeno hace cuatro décadas. Con una probabilidad cercana al 100% de que persista hasta febrero de 2027, el fenómeno ya está mostrando su poder en el Caribe mexicano, donde la Península de Yucatán enfrenta un escenario de contrastes extremos: sequía en Quintana Roo, lluvias torrenciales en Yucatán, y una oleada de sargazo que amenaza la principal industria de la región: el turismo.
La advertencia global: el más fuerte en décadas
“El Niño está alcanzando proporciones descomunales ante nuestros ojos”, declaró el secretario general de la ONU, António Guterres. La directora general de la OMM, Celeste Saulo, fue aún más contundente:
“Si esta trayectoria continúa, podría ser más intensa que cualquier otra desde que comenzamos nuestro monitoreo; literalmente, superaría con creces los niveles que hemos utilizado durante las últimas cuatro décadas”.
Según la OMM, El Niño alcanzará su punto álgido hacia finales de 2026, aunque sus repercusiones en el clima continuarán hasta bien entrado 2027. Las previsiones muestran una anomalía en la temperatura de la superficie del mar que podría superar los 3.6°C por encima del promedio, y algunos científicos, como el brasileño Carlos Nobre, advierten que podría ser “el más fuerte en más de 100 años”. El potente El Niño de 2023-24 ya contribuyó a que 2024 fuera el año más cálido registrado, y “no deberíamos sorprendernos si se bate este récord”, añadió Saulo.

¿Qué significa para México?
Especialistas del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático (ICAyCC) de la UNAM han detallado los efectos esperados desde septiembre de 2026 hasta junio de 2027:
- Huracanes más intensos: entre septiembre y noviembre aumentará la probabilidad de huracanes de categoría mayor en el Pacífico mexicano. La mayor afectación en México podría ser por ciclones tropicales en el océano Pacífico. Se espera la formación de hasta 11 ciclones tropicales, incluyendo 2 en el Mar Caribe y 1 en el Golfo de México.
- Más frentes fríos: se esperan sistemas frontales más severos y duraderos durante el otoño e invierno.
- Calor extremo: durante septiembre de 2026 aumentarán las temperaturas en el norte del país.
- Sequías y lluvias extremas: entre abril y junio de 2027 se prevé una reducción de lluvias y posible sequía en el centro, sur y sureste. Al menos diez estados, incluyendo la Península de Yucatán, sufrirán periodos de sequía extrema mucho más severos y prolongados.
El gobierno mexicano ya ha comenzado a prepararse. La presidenta Claudia Sheinbaum anunció la instalación de centros de mando de Protección Civil en las 32 entidades, particularmente en las costas del Pacífico, y el desarrollo de un sistema de alertamiento para celulares ante huracanes y ciclones. También se instalarán boyas meteorológicas en el océano para monitorear las condiciones atmosféricas en alta mar.
El golpe en Yucatán, Quintana Roo y el Caribe mexicano
La Península de Yucatán ya está sintiendo los efectos de El Niño, y el panorama es complejo:
Sequía en Quintana Roo vs. lluvias en Yucatán
Mientras Yucatán y Campeche han recibido importantes acumulados pluviales, Quintana Roo enfrenta un escenario de déficit hídrico que ya alcanzó la categoría de sequía moderada. El meteorólogo Juan Antonio Palma Solís explica que la presencia de El Niño ha inhibido la llegada de ondas tropicales activas desde la cuenca del Caribe, al tiempo que ha potenciado la “vaguada maya”, un fenómeno local que absorbe la humedad proveniente del Caribe antes de que pueda precipitar sobre Quintana Roo, desplazándola hacia Yucatán y Campeche.
Huracanes en el Caribe
Aunque El Niño tiende a reducir la actividad de huracanes en la cuenca del Atlántico, el riesgo de impacto no puede descartarse. Cuba, por ejemplo, tiene un 40% de probabilidad de ser directamente afectada por al menos un huracán. En el Caribe mexicano, los especialistas advierten que El Niño modificará la temporada de ciclones tropicales de 2026.
Sargazo: la amenaza silenciosa
El aumento de la temperatura del mar —entre 3 y 4 grados Celsius en algunos puntos—, impulsado por el cambio climático y El Niño, está favoreciendo el crecimiento y reproducción masiva del sargazo. La macroalga ya ha llegado con fuerza a las costas de Quintana Roo, desde Cancún y Punta Nizuc hasta Mahahual y Xcalak, pasando por Tulum, Puerto Morelos y Cozumel.
Las cifras son alarmantes: Quintana Roo acumulaba alrededor de 110 mil toneladas de sargazo recolectadas en 2026. El sargazo se ha convertido en “un problema ambiental, turístico, económico y de salud”. Su descomposición libera gases como sulfuro de hidrógeno y amoníaco, que pueden provocar afecciones respiratorias, cardiovasculares y neurológicas.

Turismo en jaque
El Caribe mexicano enfrenta en 2026 una de sus peores temporadas de sargazo. Las imágenes de playas cubiertas de marrón en Cancún, Playa del Carmen y Tulum golpean directamente la principal industria de Quintana Roo. El incremento del sargazo podría afectar la imagen turística de estos destinos y acelerar la erosión costera. Además, el nivel del mar en el Caribe mexicano ha aumentado entre 7 y 8 milímetros por año, cifra superior al promedio mundial.
Un invierno y primavera de contrastes
El Niño 2026-2027 no será un fenómeno más. La comunidad científica internacional ha sido clara: estamos ante el evento más potente en décadas, quizás en más de un siglo. Para México, y especialmente para la Península de Yucatán y el Caribe, esto significa un otoño e invierno con huracanes más intensos y frentes fríos severos, seguidos de una primavera con sequías extremas, olas de calor y una calidad del aire deteriorada.
Mientras tanto, el sargazo —impulsado por el calentamiento del mar— seguirá llegando a las playas de Quintana Roo, amenazando no solo el ecosistema marino sino también la economía turística de la región. La pregunta no es solo cuánto va a llover o qué tan fuerte será el próximo huracán, sino “quién tiene las herramientas para enfrentar lo que ocurra cuando la lluvia no llegue o lo haga de manera extrema”.
El mensaje de la OMM es inequívoco: “no hay tiempo que perder”. México ya está tomando medidas, pero la magnitud de este El Niño “gigantesco” pondrá a prueba la capacidad de respuesta del país.
Fuente: Organización Meteorológica Mundial (OMM) / Diario de Yucatán
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