Miguel Ángel Meza presenta “El rostro que habitamos”, un poemario que recorre migración, amor, pérdidas, precariedad y los oficios de quienes construyen todos los días la identidad de una ciudad mucho más compleja que sus playas
Miguel Ángel Meza retrata el otro rostro de Cancún en nuevo poemario
CANCÚN, Quintana Roo. — Cancún tiene mar turquesa, hoteles monumentales y millones de visitantes que cada año llegan buscando el paraíso. Pero detrás de esa ciudad fotografiada millones de veces existe otra: la de quienes llegaron para empezar de nuevo, encontraron su primer trabajo, se enamoraron, enfrentaron pérdidas, sobrevivieron jornadas difíciles y, casi sin darse cuenta, terminaron convirtiéndose en cancunenses.
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A ese Cancún mira el escritor Miguel Ángel Meza en El rostro que habitamos, poemario que será presentado en una nueva edición este sábado 22 de agosto, con el respaldo del Instituto de la Cultura y las Artes del Municipio de Benito Juárez y bajo el sello de Librélula Editores.
No es un libro sobre el Cancún de vacaciones.
Es un libro sobre el Cancún que se habita.
“Cancún tiene muchos rostros y este es uno que decidí poetizar”, explica Meza sobre una obra que convierte experiencias aparentemente ordinarias en una especie de mapa emocional de la ciudad.

¿Qué significa ser cancunense?
La pregunta atraviesa buena parte del libro.
Y quizá no tenga una respuesta sencilla en una ciudad construida, en gran medida, por personas provenientes de otros lugares.
El propio Meza forma parte de esa historia. Originario de la Ciudad de México, vive en Cancún desde 1986.
Cuatro décadas después, intenta llevar al papel aquello que sucede cuando alguien deja de ser solamente una persona que llegó a Cancún y comienza a reconocerse como parte de él.
El rostro que habitamos está dividido en tres bloques que recorren distintas dimensiones de esa experiencia.
El primero sigue las etapas de un inmigrante frente a un territorio desconocido: la sorpresa de llegar, el primer amor, el primer empleo, las primeras diversiones y también las rupturas y desencuentros que acompañan el proceso de encontrar un lugar propio.
Es una experiencia que puede resultar familiar para miles de habitantes de Cancún.
Porque antes de convertirse en una de las ciudades más conocidas de México, Cancún fue —y continúa siendo— una ciudad de llegadas.
Los trabajadores que sostienen una ciudad turística
El tercer bloque lleva por nombre “Bitácora de oficios” y probablemente contiene una de las miradas más interesantes del poemario.
Meza reúne allí 15 actividades y personajes relacionados con la precariedad laboral.
Son personas y trabajos que existen todos los días alrededor de una ciudad construida alrededor del turismo, pero que rara vez ocupan el centro de su relato.
Porque Cancún puede ser visto desde una habitación frente al Caribe.
Pero también desde quien prepara esa habitación.
Desde quien sirve una mesa, conduce, limpia, vende, construye o encuentra distintas maneras de ganarse la vida.
El poemario coloca precisamente la mirada sobre esos habitantes.
No para convertir la precariedad en postal, sino para reconocer que también ellos construyen la identidad de Cancún.
También existe un Cancún doloroso
El libro tampoco evita uno de los rostros más difíciles de la ciudad.
Su segundo bloque aborda cuatro suicidios desde la poesía.
La elección introduce deliberadamente una ruptura con la imagen luminosa que tradicionalmente acompaña al destino turístico.
Meza reconoce las zonas oscuras de Cancún sin renunciar a encontrar belleza y humanidad dentro de ellas.

Esa dualidad atraviesa el proyecto: para hablar verdaderamente de una ciudad no basta con describir aquello que resulta agradable mirar.
También hay que contar sus pérdidas, contradicciones y silencios.
Una ciudad puede cartografiarse con palabras
El rostro que habitamos tampoco es un proyecto aislado.
Forma parte de una ambición literaria mucho mayor de Miguel Ángel Meza: cartografiar Cancún mediante tres géneros diferentes: cuento, poesía y novela.
“Es cartografiar de alguna manera nuestra ciudad en tres géneros distintos: el cuento, la novela y el poemario”, explica.
El primer territorio de ese mapa apareció con Cada quien su paraíso, obra integrada por 13 historias protagonizadas por personajes comunes y antihéroes que llegan o se dirigen hacia Cancún y terminan enfrentándose a decisiones y dilemas morales.
El segundo territorio es precisamente El rostro que habitamos.
La obra tuvo una primera edición en 2015, pero Meza volvió a ella, realizó ajustes, incorporó nuevo contenido y decidió reeditarla en 2026.
Y todavía falta una pieza.
“Sueños convictos” cerrará el mapa
El proyecto continuará con Sueños convictos, novela que el escritor se encuentra próximo a concluir.
La historia seguirá a dos personajes enfrentados a un Cancún en crecimiento y buscará incorporar una nueva mirada a las novelas que han convertido a la ciudad no solamente en escenario, sino prácticamente en un personaje.
Cuando esa obra aparezca, el mapa estará compuesto por tres caminos:
el cuento para observar sus personajes, la poesía para explorar cómo se siente habitarla y la novela para narrar su transformación.
Es una manera distinta de documentar una ciudad joven.
No con planos urbanos.
Con literatura.
Una nueva voz para un libro que nació en 2015
La reedición también representa una transformación en la escritura de Meza.
El autor explica que, sin abandonar el lirismo, decidió alejarse de una construcción más barroca para avanzar hacia una poesía más discursiva, emocional y conceptual.

Su intención la resume en otra idea:
“Quiero enfatizar una poética en habitar del ser cancunense”.
El concepto resulta especialmente significativo en una ciudad donde buena parte de sus habitantes nacieron lejos de ella.
Habitar Cancún, desde esa perspectiva, no significa únicamente vivir dentro de sus límites geográficos.
Significa construir recuerdos, relaciones, trabajos, pérdidas y pertenencias hasta hacer de la ciudad una parte de la propia identidad.
Un libro hecho también desde Cancún
Meza decidió que esta nueva edición tuviera otra característica: publicarla con una editorial local.
La obra fue editada por Alejandra Flores, al frente de Librélula Editores, proyecto cancunense dedicado al acompañamiento, edición y publicación de autores.
“Mi idea era editar con las editoriales locales”, explica el escritor.
La decisión añade otra capa al proyecto.
Un libro que pretende hablar sobre la identidad de Cancún también será producido desde la propia comunidad cultural de Cancún.
La presentación oficial estará a cargo de Flores y se realizará el sábado 22 de agosto, como parte del encuentro literario alrededor de esta nueva edición.
Casi cuatro décadas mirando Cancún
Miguel Ángel Meza conoce de cerca la construcción cultural de la ciudad.
Llegó en 1986, fue director de la Casa del Escritor de Cancún entre 1997 y 2004, fundó la revista TROPO y ha coordinado diferentes talleres de lectura.
Entre sus publicaciones aparecen Destellos de mareas, Itinerario del amor indócil, Cada quien su paraíso y Antología personal.
En 2019 recibió el Premio Internacional de Poesía Caribe-Isla Mujeres.
Pero El rostro que habitamos tiene una particularidad: su protagonista verdadero parece ser el lugar donde el escritor ha vivido durante cuatro décadas.
El otro rostro de Cancún
Hay ciudades que pueden explicarse con fechas, edificios y estadísticas.
Otras necesitan también de las historias de quienes las habitan.
Cancún cumplió apenas 56 años en 2026, pero en poco más de medio siglo reunió personas procedentes de prácticamente todo México y de distintos lugares del mundo.
Quizá por eso definir qué significa ser cancunense continúa siendo una conversación abierta.
El rostro que habitamos propone buscar la respuesta donde pocas veces se mira.
No solamente frente al mar.
También en el primer empleo, el amor que comenzó aquí, la persona que llegó sin conocer a nadie, los oficios invisibles, las pérdidas, los desencuentros y aquella extraña sensación de descubrir un día que la ciudad a la que alguna vez llegaste ya se convirtió en tu casa.
Porque detrás del Cancún que millones visitan existe otro.
El Cancún de quienes se quedaron.
Y ese Cancún también merece ser contado.
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