James D. Watson falleció esta semana a los 97 años. Junto con Francis Crick y Maurice Wilkins, fue galardonado con el Premio Nobel de Medicina en 1962 por proponer la estructura en doble hélice del ADN, un hallazgo que transformó la genética, la biología molecular y la medicina moderna.
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Excelencia temprana y ascenso en la academia
Nacido el 6 de abril de 1928 en Chicago, Watson completó su doctorado en Zoología en Indiana University a los 22 años y poco después se trasladó al Laboratorio Cavendish de Cambridge, donde conoció a Crick. Al final de su vida profesional, dirigió el laboratorio Cold Spring Harbor Laboratory en Long Island, convirtiéndolo en un centro de investigación de talla mundial.

Un legado de grandes conquistas… y controversias
Aunque su contribución al conocimiento humano es incuestionable, Watson también se vio envuelto en disputas públicas. En varias ocasiones emitió comentarios que vinculaban la inteligencia con la raza, lo que dañó su reputación y le valió que se le retiraran títulos honorarios.
Su impacto y el camino que deja
La muerte de Watson marca el fin de una era para la genética. Su descubrimiento del ADN como “escalera en hélice” sentó las bases de la biotecnología, la medicina personalizada y la epigenética.

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