En el corazón de Minnesota, la comunidad del Distrito Escolar de Columbia Heights atraviesa una profunda crisis tras la detención de cuatro de sus estudiantes, entre ellos un niño de cinco años, en medio de la intensa operación federal de inmigración denominada “Operación Metro Surge”.
El operativo, que ha desplegado hasta 2,000 agentes federales en el área metropolitana de Minneapolis-Saint Paul, ha dejado una comunidad escolar traumatizada y un distrito que acusa a los agentes de usar a un niño como “carnada” para efectuar arrestos.
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La noche que quebró la sensación de seguridad
La primera línea de este conflicto se está librando en los barrios y a las puertas de las escuelas. El martes, la vida de Liam Conejo Ramos, un niño de preescolar de cinco años, cambió para siempre. Según las autoridades escolares, al llegar a casa, agentes de ICE detuvieron a su padre en la entrada de su vivienda.
El distrito denuncia que, en lugar de dejar al niño al cuidado de otro adulto presente, los agentes lo condujeron a la puerta de la casa y le ordenaron que tocara, utilizando su inocencia como una herramienta para ver si alguien más respondía desde el interior.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) ofrece una versión contrapuesta, afirmando que el padre, identificado como ciudadano ecuatoriano en busca de asilo, huyó a pie al ver a los agentes, “abandonando” al niño.

La agencia insiste en que un agente se quedó con Liam por su seguridad y que los padres siempre tienen la opción de designar a un adulto seguro para que cuide de sus hijos durante un arresto.
Este no fue un incidente aislado. En el mismo día, un estudiante de secundaria de 17 años fue obligado a salir de su vehículo por agentes “armados y enmascarados” mientras se dirigía a la escuela.
Dos semanas antes, una niña de 10 años fue detenida junto a su madre camino a la escuela primaria. Las cuatro familias detenidas han sido trasladadas a centros de procesamiento migratorio en Texas, según confirmaron las autoridades escolares.
El contexto de tensión extrema y la visita del vicepresidente
Este repunte de detenciones ocurre en medio de una tensión ya extrema en Minnesota, generada por la muerte de Renée Good, una ciudadana estadounidense de 37 años y madre de tres hijos, quien fue baleada y asesinada por un agente de ICE el 7 de enero.
La administración Trump ha calificado a Good, quien según testigos observaba las operaciones de ICE, como una “terrorista doméstica”, alegando que atropelló a un agente. Esta versión ha sido disputada enérgicamente por el alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, y por análisis de videos del incidente.
Para abordar la creciente crisis, el vicepresidente J.D. Vance visitó Minneapolis. En sus declaraciones, Vance culpó a los “funcionarios de izquierda” y a las fuerzas del orden locales por el caos, argumentando que no cooperan con las autoridades federales. Al ser preguntado sobre la detención del niño de cinco años, Vance respondió: “¿Qué se supone que deben hacer los agentes de ICE?”.
Su visita buscaba “bajar la temperatura”, pero coincidió con el anuncio de un “Día de la Verdad y la Libertad”, en el que cientos de negocios en Minneapolis planean cerrar en señal de protesta.
Respuesta comunitaria y el camino incierto por delante
La respuesta desde las escuelas y la comunidad ha sido de indignación y miedo. La superintendente del distrito, Zena Stenvik, declaró que “el sentido de seguridad en nuestra comunidad y alrededor de nuestras escuelas está quebrantado” y que los corazones del personal están “destrozados”.
El distrito ha contratado a un abogado de inmigración para intentar traer de vuelta a los estudiantes y está instando al público a contactar a sus representantes en el Congreso para exigir una resolución.
Mientras tanto, el operativo federal continúa. La administración ha descrito esta movilización como “la mayor operación de inmigración jamás realizada”, vinculándola en parte a investigaciones de fraude en programas de cuidado infantil que involucran a miembros de la comunidad somalí de Minnesota.
Con el vicepresidente advirtiendo que quienes protesten en iglesias “serán enviados a prisión”, y con agentes de ICE reportando que se sienten “acosados” por manifestantes, el panorama en Minnesota sigue siendo volátil y profundamente dividido.






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