El viernes 20 de junio, EE. UU. lanzó bombardeos contra tres instalaciones nucleares de Irán: Fordow, Natanz e Isfahán utilizando bombas gigantes tipo bunker-buster durante una operación militar masiva. El presidente Trump anunció que estos ataques fueron exitosos y diseñados para “obliterar” los objetivos estratégicos, advirtiendo que Irán “debe hacer las paces o enfrentará daños aún mayores”.
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Irán exige acción ante el Consejo
En respuesta inmediata, Irán solicitó una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad de la ONU para denunciar estas agresiones como violaciones graves al derecho internacional y al Tratado de No Proliferación. El embajador iraní advirtió que tales ataques podrían tener “consecuencias de gran alcance” y defendió los ataques en curso de su país como legítima defensa.

Riesgo global y amenazas regionales
Analistas advierten que estos bombardeos representan el mayor paso de EE. UU. hacia una confrontación directa y podrían dar pie a represalias asimétricas de Teherán, incluyendo cierres en el estrecho de Ormuz o ataques a bases estadounidenses. Rusia calificó la acción de “nuevo conflicto” que fortalecerá al régimen de Khamenei.

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