IA en su era “Meh”: El fin de la Euforia
Tras años de expectativas elevadas y un ritmo vertiginoso, la inteligencia artificial (IA) ha entrado en una fase de madurez, donde el progreso se vuelve más incremental y la euforia inicial está cediendo el paso a una realidad más pragmática. Este cambio de percepción, que recuerda a la corrección de la burbuja de las puntocom, se debe a que las empresas y los inversores están ajustando sus expectativas sobre lo que la IA puede y, más importante aún, no puede hacer.
La tecnología sigue avanzando, pero su impacto real en la productividad y el crecimiento económico aún no se ha materializado a gran escala, lo que lleva a un ajuste en el mercado.
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Realidad vs. bombo publicitario
Una de las señales más claras de esta nueva era es la reacción ante el lanzamiento del esperado modelo GPT-5 de OpenAI. A pesar del gran bombo publicitario y las declaraciones de su CEO, Sam Altman, que generaron enormes expectativas, la recepción por parte de los usuarios fue de relativa indiferencia.
Para muchos, el modelo no representó el salto cualitativo que se había prometido, evidenciando que el progreso no puede basarse únicamente en la publicidad.
Este episodio subraya que la trayectoria de la IA se asemeja más a la evolución gradual de tecnologías como los ordenadores y los smartphones, en lugar de un salto repentino a una superinteligencia.

Este ajuste de expectativas también se refleja en el mercado. Aunque empresas como Nvidia han reportado ganancias récord por la venta de chips para IA, sus acciones han caído. Esto sugiere que los inversores están empezando a dudar de que las empresas que compran estos servicios estén traduciendo la tecnología en beneficios tangibles.
Como lo describió un analista de UBS, los resultados de Nvidia fueron “suficientemente buenos”, un calificativo que resume a la perfección el nuevo paradigma: la IA es útil, pero no está transformando la economía de la noche a la mañana.
Un estudio del MIT refuerza esta idea, indicando que solo el 5% de las empresas analizadas han logrado convertir la tecnología en ingresos reales.
Impacto gradual en el empleo y la economía
El avance de la IA está teniendo un impacto en el empleo, pero de forma gradual y específica. Un estudio de la Universidad de Stanford concluyó que la IA está afectando a los empleos de nivel inicial para personas de entre 22 y 25 años en campos donde la tecnología puede reemplazar la mano de obra. A pesar de esto, el impacto no ha generado una ola masiva de despidos como se había predicho.
Según el economista de Oxford, Carl Benedikt Frey, el crecimiento de los ingresos impulsado por la IA se está limitando a un puñado de empresas pioneras, sin que se traduzca en un crecimiento económico más amplio o se refleje en las estadísticas de productividad.
Este escenario contrasta con la burbuja de las puntocom, donde los aumentos de productividad fueron tangibles a pesar de la falta de rentabilidad. Para la IA, la clave será convertir su potencial en un crecimiento económico real.
El modelo del iPhone 4: Evolución, no revolución
La trayectoria actual de la IA se puede comparar con la del iPhone 4. Si bien el lanzamiento de este dispositivo en 2010 fue revolucionario, las siguientes generaciones de smartphones han seguido una evolución más incremental. Los avances han sido constantes, pero no tan dramáticos como el salto inicial. Con la IA, el progreso es similar.
Los laboratorios de investigación lanzan constantemente modelos con mejoras específicas, lo que hace que cada nueva versión se sienta menos como un salto gigantesco y más como una actualización progresiva.
Este cambio de ritmo ha llevado a una saludable moderación de las expectativas. Como señala el profesor David Krueger, gran parte de la decepción actual se debe a la “exageración desmesurada” de las propias empresas tecnológicas. Sin embargo, a medida que la IA avanza a un ritmo más estable, la industria está finalmente ajustando sus proyecciones sobre la llegada de una inteligencia artificial general (AGI). La verdad es que nadie sabe cuándo llegará, pero esta nueva era de “meh” nos enseña que el camino será más un maratón que un sprint, con avances significativos pero sin el gran bombo publicitario de antaño.





