CIUDAD DE MÉXICO.- Cuando la FIFA repartió los partidos del Mundial 2026 entre México, Estados Unidos y Canadá, pocos imaginaron que las sedes mexicanas terminarían convirtiéndose en uno de los grandes atractivos del torneo. Estadios llenos, zonas de aficionados abarrotadas, mariachis, gastronomía, música y una afición que hizo suyo cada partido proyectaron una imagen que dio la vuelta al mundo.

Ahora, mientras la Copa del Mundo entra en su fase de eliminación directa, la fiesta comienza a apagarse en territorio nacional. Guadalajara ya bajó el telón y a México solo le restan dos encuentros antes de ceder por completo el protagonismo a Estados Unidos, una situación que ha abierto el debate entre aficionados y especialistas: ¿el país merecía recibir más partidos del Mundial?
La despedida de Guadalajara llegó este sábado con el duelo entre España y Uruguay, correspondiente al Grupo H. La selección española se impuso 1-0 con un gol de Álex Baena, resultado que le permitió avanzar como líder de grupo, mientras que los uruguayos quedaron eliminados del torneo. Con el silbatazo final también concluyó la actividad mundialista en la Perla Tapatía.

Durante poco más de dos semanas, Guadalajara se transformó en un punto de encuentro para miles de visitantes de distintas nacionalidades. Las plazas públicas se llenaron de aficionados, los mariachis acompañaron las celebraciones, los restaurantes y bares registraron llenos constantes y los hoteles alcanzaron altos niveles de ocupación, dejando una imagen que fue ampliamente compartida en redes sociales y medios internacionales.
A México solo le quedan dos partidos
Aunque Guadalajara ya se despidió del torneo, el Mundial aún tendrá actividad en territorio mexicano.
El próximo 30 de junio, el Estadio Azteca será escenario del partido entre México y Ecuador, correspondiente a los dieciseisavos de final, un encuentro que marcará el regreso del Tricolor ante su afición con el boleto a los octavos de final en juego.
Un día después, el 1 de julio, el Estadio Monterrey albergará el choque entre Estados Unidos y Bosnia y Herzegovina, el último compromiso mundialista que se disputará en suelo mexicano antes de que el resto de la competencia continúe exclusivamente en sedes estadounidenses.

Una derrama económica difícil de repetir
El impacto del Mundial no solo se reflejó en las tribunas. De acuerdo con estimaciones de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio (Concanaco), durante la fase de grupos México registró una derrama económica cercana a 17 mil 500 millones de pesos, impulsada por la llegada de turistas nacionales e internacionales, el aumento en la ocupación hotelera y el crecimiento en las ventas de restaurantes, bares y comercios.
Algunos establecimientos incluso reportaron ingresos hasta diez veces superiores a los habituales durante los partidos de la Selección Mexicana, aunque especialistas consideran que esa dinámica disminuirá conforme las sedes mexicanas dejen de recibir encuentros.

El debate queda abierto
Hasta ahora no existe ninguna declaración oficial de la FIFA que indique que la distribución de partidos entre los tres países fue insuficiente o equivocada. Sin embargo, el ambiente que lograron proyectar la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey ha alimentado entre aficionados la percepción de que México pudo haber desempeñado un papel aún más importante dentro del torneo.
Con apenas una parte del calendario mundialista, las sedes mexicanas lograron posicionarse entre las imágenes más representativas de la Copa del Mundo. Y mientras los reflectores comienzan a trasladarse hacia Estados Unidos, queda una sensación compartida por miles de aficionados: en México, el Mundial no solo se jugó en la cancha; también se vivió en las calles, en las plazas, en los restaurantes y en cada rincón donde el fútbol se convirtió en una auténtica fiesta.
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