Cada uno llevaba cinco kilos de Kush ocultos en dobles fondos con material escolar. Un jefe religioso orquestó todo desde un templo a las afueras de Colombo y lo coordinó a través de redes sociales.
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El aeropuerto internacional de Colombo nunca había visto algo así. La noche del sábado, un grupo de 22 monjes budistas aterrizó procedente de Bangkok. Todos vestían sus túnicas anaranjadas. Todos parecían regresar de un viaje espiritual. Pero dentro de sus maletas no había sermones ni ofrendas.
Había 112 kilogramos de droga valorados en más de 3,6 millones de dólares.
Las autoridades de Sri Lanka detuvieron a los religiosos en plena pista del aeropuerto Bandaranaike después de que una investigación de inteligencia alertara sobre el vuelo. Lo que encontraron al abrir las maletas desató una de las mayores crisis de credibilidad en la historia reciente del budismo en el país: dobles fondos perfectamente construidos, paquetes de cannabis Kush y hachís escondidos entre mochilas escolares y dulces, y una red criminal que operaba desde dentro de los propios templos.

El modus operandi: un jefe monje, las redes sociales y una mentira piadosa
La investigación no tardó en señalar a un nombre: un 23º monje, detenido horas después en un suburbio de la capital cuando intentaba huir. Él era la cabeza visible de la operación. Según las pesquisas, reclutó a los otros 22 religiosos, la mayoría jóvenes estudiantes de diferentes templos, a través de grupos de Facebook.
Les pagó un viaje todo pagado de cuatro días a Tailandia. Les dijo que, a cambio, sólo debían traer de regreso unos “paquetes de donación” para el templo. Les aseguró que un repartidor los recogería en la terminal. Les dio hasta vuelos y hospedaje en Bangkok.

Lo que los monjes no sabían, según la versión que baraja la policía de Sri Lanka, es que dentro de esos paquetes viajaban 112 kilos de estupefacientes. Cada uno cargaba entre 23 y 25 libras de Kush en un doble fondo que las autoridades detectaron de inmediato gracias a un perfil de inteligencia.
El decomiso se convirtió en el más grande en la historia del aeropuerto de Colombo. El cargamento, valuado en más de 3,45 millones de dólares según las agencias internacionales, viajaba camuflado entre el material típico de un grupo de estudiantes: cuadernos, lápices, dulces… y kilos de la variedad más potente de cannabis.
Reacción de la comunidad budista: “deben ser expulsados de inmediato”
El escándalo ha sacudido a Sri Lanka, un país de mayoría budista donde la figura del monje se considera sagrada.
Los jerarcas más importantes del budismo en el país reaccionaron con inusitada dureza. En un comunicado firmado por las principales autoridades religiosas, exigieron que los detenidos sean expulsados de la orden y que la ley actúe contra ellos como contra cualquier criminal.
“Se debe establecer un mecanismo adecuado para investigar a los individuos que abusan de la vestimenta monástica y de la identidad religiosa para cometer actividades ilegales”, declararon los prelados.
Un maestro católico de Colombo dijo a UCA News que lo más preocupante es que ahora hay “pruebas claras de que los traficantes están reclutando líderes religiosos”. No es la primera vez que el narcotráfico usa figuras de fe para sus operaciones, pero sí la primera en que una red de este tamaño involucra a decenas de monjes.
Viral en redes: “fueron a Tailandia a buscar la iluminación… y se encontraron con esto”
El caso estalló en redes sociales en cuestión de horas. Los videos de los monjes llegando esposados y cubriéndose el rostro con sus propias túnicas se volvieron virales en Sri Lanka y en todo el mundo.
Las reacciones en internet han sido una mezcla de conmoción, sarcasmo y burla. Usuarios de X (antes Twitter) bromean diciendo que los religiosos “fueron a Tailandia en busca de la iluminación y regresaron con otra cosa”. Otros escriben “Hicieron el viaje de su vida… y no precisamente por la meditación”. Hay quien bromea con que alcanzaron un “estado de concentración absoluta: en 112 kilos de mercancía”.

Algunos medios asiáticos incluso publicaron capturas de las cuentas de Facebook utilizadas para reclutar a los jóvenes monjes, confirmando el modus operandi digital.
Pero el debate de fondo es más serio: la utilización de la fe como fachada para el crimen organizado no es exclusiva de Sri Lanka. Es un problema que también se ha documentado en América Latina, donde el narcotráfico ha cooptado iglesias, religiones y figuras de autoridad moral para sus operaciones.
Lo que viene: prisión preventiva y una investigación que recién empieza
Los 22 monjes fueron presentados ante un tribunal en Negombo, que ordenó prisión preventiva por siete días mientras se profundiza en las investigaciones. Las autoridades buscan determinar si los religiosos eran cómplices activos o si fueron utilizados como “mulas” engañadas, tal como sugiere la hipótesis de que desconocían el contenido de los paquetes.
Hasta ahora, tres monjes de un templo en Jamburaliya, a las afueras de Colombo, han sido señalados como los organizadores de la red. El líder del grupo y otro de sus cómplices están prófugos, aunque se cree que siguen en territorio ceilandés.
El gobierno de Sri Lanka, que lanzó en 2025 una campaña nacional antidrogas llamada “Una nación unida”, enfrenta ahora el desafío de limpiar una de sus instituciones más respetadas. La pregunta es si este caso es la punta de un iceberg mucho más grande.
Fuente: Excelsior



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