Cancún.— El tercer aniversario del huracán Otis revela una reconstrucción fracturada. El diagnóstico técnico de los colegios de ingeniería y arquitectura advierte que la infraestructura de la ciudad apenas alcanza un 40 por ciento de avance real y que la rehabilitación completa podría demorar al menos cinco años. Frente al brillo de la Zona Diamante y la recuperación de más del 80 por ciento de las habitaciones hoteleras, la ciudad arrastra un rezago estructural que la hace extremadamente vulnerable al próximo embate climático.
Las instituciones colegiadas han sido tajantes al señalar que la reconstrucción no puede medirse solo en fachadas hoteleras. El ex presidente del Colegio de Ingenieros Arquitectos de Guerrero, Alfredo Felipe Avilés, advirtió que ese 40 por ciento excluye los servicios públicos, la infraestructura habitacional y el comercio. Según los expertos, más de 60 por ciento de los inmuebles del centro de la ciudad requerían estudios técnicos urgentes, y al menos un centenar de hoteles y condominios con más de 50 años representan un riesgo latente de colapso ante sismos o nuevos huracanes.
Tres golpes en tres años: la lección que no se aprendió
La fragilidad de Acapulco no es una hipótesis. En apenas tres años, el puerto ha sido golpeado por tres huracanes: Otis en 2023, John en 2024 y Simón en 2026. Este último, aunque no impactó directamente como Otis, volvió a exhibir las mismas debilidades: inundaciones, derrumbes y colapso de infraestructura. Las pérdidas económicas de Otis se estimaron en 88,910 millones de pesossegún el Cenapred, con el sector turismo concentrando 24,066.9 millones y la vivienda 15,860.7 millones.
La comparación con Cancún es inevitable. Tras el paso de Gilberto en 1988 y Wilma en 2005, Quintana Roo adoptó una cultura de prevención y planeación urbana que, si bien no eliminó el riesgo, sí permitió una recuperación más rápida y ordenada. En Acapulco, en cambio, la reconstrucción priorizó la recuperación de las condiciones preexistentes, especialmente la infraestructura turística, sin transformar el modelo de ocupación del territorio.
“Reparar sin rediseñar significa conservar buena parte de los riesgos que ocasionaron los daños originales”,
— sentencia Juan L. Kaye López, integrante de la Asociación Mexicana de Urbanistas en México.
La brecha del seguro y la inversión
Ante este escenario, el blindaje financiero es prácticamente inexistente. La Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) reporta una penetración de seguros de apenas 11.9 por ciento en viviendas de Guerrero. La oferta de pólizas para inmuebles frente al mar en Acapulco se redujo aproximadamente a la mitad, y obtener un seguro para hoteles se ha vuelto casi imposible tras considerarse una actividad “no rentable” para las aseguradoras. Aunque las primas aumentaron entre 20 y 60 por ciento, la falta de preparación financiera agrava el impacto de cada contingencia.
En cuanto a la inversión, se libra una batalla desigual. Mientras la iniciativa privada ha inyectado más de 110 millones de dólares en la remodelación de complejos turísticos emblemáticos, el Gobierno federal ha comprometido 8 mil millones de pesos para la rehabilitación urbana a través del programa “Acapulco se Transforma Contigo”. Esa brecha explica por qué la reactivación económica privada avanza a paso firme en la zona dorada, mientras amplias zonas habitacionales permanecen en el olvido.
La ilusión de recuperar lo perdido
En medio de la asfixia económica y la falta de coberturas, el azar se convirtió en el último refugio. Aunque la devastación dejó inhabitables los alrededores, los puntos de venta de lotería se convirtieron en un símbolo de resistencia: salvo dos o tres locales que no lograron reabrir, el resto de los expendios reactivados para el sorteo de fin de año registraron un fenómeno inusual. Las ventas se triplicaron. La gente compraba melate y cachitos digitales con una sola ilusión en mente: recuperar lo perdido. El 2023 terminó siendo, paradójicamente, el año de mayor venta en la historia de la Lotería Nacional.
“Mi tío perdió su casa en la colonia Zapata. Apenas pudo, compró un cachito digital desde su celular porque el centro estaba destruido. Me dijo: ‘Es lo único que me queda, si me lo saco, reconstruyo’. No ganó, pero esa ilusión lo mantuvo vivo en diciembre de 2023”,
— relató Leticia Ramírez, de 39 años, familiar de un damnificado en Acapulco.
El pulso del turismo y la conectividad
El sector terciario refleja la dualidad de la ciudad. La Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles (AMHM) estima que se ha recuperado entre 70 y 80 por ciento de las habitaciones, con una oferta de 17 mil 178 cuartos disponibles. Por su parte, la Cámara Nacional de la Industria de Restaurantes (Canirac) reporta una estabilización económica y un incremento de hasta 50 por ciento en ventasdurante las temporadas vacacionales. No obstante, los propios líderes empresariales reconocen que Acapulco aún no alcanza los niveles de actividad previos a la pandemia ni a los huracanes.
La conectividad aérea ofrece un síntoma de esperanza: en el primer cuatrimestre de 2026, el puerto registró un crecimiento de 5.6 por ciento en llegada de pasajeros, superando los 255 mil viajeros, y las rutas internacionales escalaron de tres a cinco destinos.
“A tres años de Otis, la lección para México es que la reconstrucción no puede medirse en habitaciones hoteleras reactivadas ni en vuelos recuperados, sino en familias que dejan de vivir en el riesgo. Acapulco es el espejo de un país que sigue respondiendo a los desastres con paliativos de corto plazo, mientras la planeación urbana y la justicia social para los más vulnerables quedan en el olvido. Para quienes lo perdieron todo, la ilusión de la lotería no sustituye la obligación del Estado”,
— análisis de CLIC Noticias.



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