La reaparición de José Juárez Gil en redes sociales abrió un debate sobre el manejo de fauna silvestre en Cancún. Mientras algunos creadores lo presentan como una víctima, organizaciones defensoras de los animales piden que las autoridades verifiquen el estado y la situación legal del jaguar que permanece en su propiedad.
La historia de José Juárez Gil, conocido como “Pepe Tigre”, volvió a las redes sociales después de más de una década de haber protagonizado uno de los casos más polémicos relacionados con grandes felinos en Cancún.
Esta vez, la controversia comenzó con una serie de videos publicados durante septiembre por creadores de contenido que ingresaron al antiguo inmueble de Pepe’s Tigers, donde actualmente permanece un jaguar. En las grabaciones, los visitantes recorren las instalaciones, manipulan carne y participan en la alimentación del felino.
El propio Juárez Gil asegura que cuenta con documentación de Semarnat, Profepa y CITES que ampara al animal y sostiene que recibe atención veterinaria. Sin embargo, los videos difundidos no muestran esos documentos ni permiten determinar su vigencia, el ejemplar al que corresponden o las condiciones específicas autorizadas para su manejo.

La difusión de las imágenes provocó una nueva discusión en redes. Algunos influencers y usuarios que recientemente conocieron el caso comenzaron a presentar a Juárez Gil como una víctima de las autoridades y a cuestionar los procedimientos realizados en su contra años atrás.
El problema es que la historia no comenzó en 2026.
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Una historia que se remonta décadas atrás
Como recordó la columna “Una vieja y triste historia sale de nuevo a la luz”, publicada a raíz de las fotografías del reconocido fotógrafo de National Geographic Steve Winter, las imágenes de jaguares interactuando con turistas en Cancún forman parte de una historia que se remonta a los años 80 y 90.
De acuerdo con esa investigación y con antecedentes publicados posteriormente, Juárez Gil recibió animales exóticos que habían sido decomisados por autoridades y planteó la creación de un santuario en Cancún. Sin embargo, el proyecto nunca se concretó como se había anunciado y, con el paso de los años, el lugar terminó funcionando como un atractivo turístico en el que los visitantes podían interactuar con grandes felinos.
El propio trabajo de Steve Winter retomó años después el fenómeno de las llamadas “selfies con grandes felinos”, para llamar la atención sobre la explotación de animales silvestres utilizados como entretenimiento turístico.
La historia incluso fue documentada internacionalmente. Un reporte sobre el caso señala que los turistas podían nadar con jaguares frente a Cancún y convivir con tigres en el restaurante, mientras el supuesto santuario no terminaba de materializarse.
En 2011 llegaron los decomisos
El antecedente más documentado ocurrió en abril de 2011, cuando la entonces Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa), en coordinación con la PGR, aseguró ocho tigres y dos jaguares relacionados con propiedades de Juárez Gil en Cancún.
La propia Profepa informó entonces que varios de los animales se encontraban en condiciones deficientes de alimentación, higiene y seguridad, y que presentaban problemas de salud y desnutrición. También señaló que los predios inspeccionados no contaban con autorización de Semarnat para operar como estaban siendo utilizados.
Uno de los tigres, identificado como “Satán”, murió posteriormente. Al mismo tiempo, Profepa informó que una pantera negra fue devuelta a Juárez Gil después de que éste acreditara su legal posesión y procedencia.

Este último dato también es importante para entender la historia completa: no todos los procedimientos terminaron de la misma manera, y existen antecedentes en los que Juárez Gil logró acreditar legalmente la posesión de uno de los ejemplares.
El problema ahora es otro jaguar
Quince años después, la pregunta vuelve a ser qué situación jurídica y qué condiciones de manejo tiene el jaguar que actualmente aparece en los videos.
La respuesta todavía no está completamente establecida.
El jueves 24 de septiembre, personal de Profepa acudió al inmueble ubicado en el kilómetro 6.5 de la Zona Hotelera para revisar al felino y verificar su estado de salud, así como su situación legal. La diligencia no pudo concretarse porque, según los reportes publicados, Juárez Gil negó el acceso a los inspectores y especialistas veterinarios.
La visita de la autoridad cambia el escenario: ya no se trata solamente de una discusión en redes sociales, sino de una situación que está siendo revisada por la autoridad ambiental.
La otra pregunta: ¿qué están defendiendo los influencers?
Ahí está una de las aristas más delicadas de esta nueva controversia.
Quienes llegaron recientemente al caso parecen conocer principalmente la versión que Juárez Gil ofrece en los videos: la de un hombre que asegura haber dedicado su vida al cuidado de animales y que sostiene que las autoridades le han quitado sus propiedades y sus ejemplares.
Pero la historia documental es mucho más amplia.
Como señala la “Columna del Malestar”, de Flor Tapia, existe un antecedente de explotación comercial de fauna silvestre y de procedimientos realizados por autoridades ambientales. La autora cuestiona que actualmente se pretenda presentar a Juárez Gil únicamente como víctima y sostiene que el debate debe centrarse en el bienestar de los animales y en el cumplimiento de la legislación ambiental.
Esas afirmaciones corresponden a la postura de la columnista y no deben confundirse con una resolución judicial.
Lo que sí está documentado es que en 2011 la autoridad ambiental aseguró diez grandes felinos y posteriormente reportó problemas de alimentación, higiene, seguridad y salud en varios de ellos.
Convocan a manifestación este domingo
Mientras crece la discusión, ciudadanos convocaron a una manifestación pacífica para este domingo 27 de septiembre a las 10:00 horas, en la Zona Hotelera de Cancún, frente al antiguo domicilio de Juárez Gil, en el kilómetro 6.5.
Los convocantes buscan que las autoridades revisen nuevamente el caso y que se escuche la versión de quienes respaldan a “Pepe Tigre”.
Del otro lado, el movimiento de protección animal centra la discusión en una pregunta distinta: ¿quién garantiza hoy el bienestar del jaguar y cuál es su situación legal?
Y esa es probablemente la pregunta que debería estar por encima de cualquier tendencia en redes.
Porque una cosa es defender a una persona frente a una posible injusticia y otra muy distinta es utilizar la defensa de una persona para justificar, sin verificar, las condiciones en las que vive un animal silvestre.
En este caso hay una historia que puede documentarse, versiones enfrentadas y una situación actual que todavía requiere ser esclarecida por las autoridades. Lo que no debería determinar el destino del jaguar es quién consigue más vistas en redes sociales.
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