La tarde de este martes, la ciudad de Cancún fue escenario de un importante operativo de seguridad luego de un reporte sobre una presunta privación de la libertad. Sin embargo, lo que inicialmente parecía un caso de secuestro resultó ser un malentendido relacionado con el traslado de una persona a un centro de rehabilitación. El incidente generó una movilización de fuerzas de seguridad de los tres niveles de gobierno, que rápidamente intervinieron para aclarar lo sucedido.
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El origen de la alerta
Aproximadamente a la 1:30 de la tarde, los servicios de emergencia recibieron una llamada al número 911. El informe indicaba que cinco sujetos habían subido a la fuerza a un joven a bordo de una minivan de color gris o blanco en las intersecciones de las avenidas Kinic y Andrés Quintana Roo, una zona conocida por su actividad comercial y tránsito vehicular.
De inmediato, el Centro de Control, Comando, Comunicación y Cómputo (C5) activó el protocolo de seguridad, comenzando con un monitoreo constante a través de las cámaras de vigilancia instaladas en la ciudad. Esto permitió a las autoridades seguir el rastro de los presuntos secuestradores.

Operativo masivo y búsqueda
Tras el reporte, se desplegaron elementos de la Policía Municipal, la Policía Estatal, la Secretaría de Marina, la Guardia Nacional y el Ejército en la zona. Las fuerzas de seguridad comenzaron a buscar a los sospechosos a lo largo de la supermanzana 96, cerca de las instalaciones de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), donde fueron avistados por las cámaras de vigilancia.
El operativo se intensificó cuando, poco después, la camioneta fue nuevamente detectada en las cercanías de la avenida Nichupté, cerca de la zona de ChacMool. En este punto, las autoridades pudieron establecer un cerco de seguridad que permitió detener a los ocupantes de la minivan. La tensión aumentaba a medida que la operación continuaba, ya que la información sobre la situación no era completamente clara en ese momento.
Revelación de la situación
Al ser detenidos, los individuos involucrados explicaron que no se trataba de un secuestro, sino de un procedimiento relacionado con el traslado de un joven a un centro de rehabilitación. Los detenidos eran empleados de un anexo para el tratamiento de adicciones, y la persona que se encontraba a bordo de la minivan, conocido como “tazo dorado”, era un paciente que estaba siendo llevado a dicho centro para recibir tratamiento.

A pesar de la aclaración de los involucrados, las autoridades decidieron mantener a los detenidos bajo custodia para que pudieran explicar su versión ante el Ministerio Público. Este proceso fue necesario para asegurar que todo estuviera en orden y no se tratara de una situación de privación ilegal de la libertad.
Resolución y liberación temporal
El joven, que había sido reportado como víctima de secuestro, fue finalmente liberado. Sin embargo, sus familiares intentaron nuevamente llevarlo a un anexo especializado, en un esfuerzo por ofrecerle un tratamiento contra el consumo de sustancias. En este momento, se confirmó que la situación había sido un malentendido y no un caso de secuestro.

Aunque la confusión generó un gran despliegue de seguridad, la operación finalmente demostró que se trataba de un procedimiento legal relacionado con la atención a la salud. No obstante, el evento dejó claro que la coordinación de las fuerzas de seguridad y la correcta interpretación de las situaciones de emergencia son fundamentales para evitar incidentes innecesarios.
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