La actividad busca convertirse en una alternativa para aprovechar la macroalga, pero todavía faltan reglas, estudios sobre la cantidad que puede extraerse y costos para establecer su valor comercial.
El sargazo que llega masivamente a las costas del Caribe mexicano podría convertirse en una actividad económica para pescadores y empresas, pero su aprovechamiento en altamar todavía enfrenta un reto: ordenar quién puede capturarlo, bajo qué condiciones y cuánto cuesta procesarlo.
Hasta el 18 de octubre de 2026, únicamente se habían tramitado cuatro permisos relacionados con la pesca de sargazo en México ante la Comisión Nacional de Acuacultura y Pesca (Conapesca), de acuerdo con información publicada por Novedades Quintana Roo, de Grupo SIPSE. El reporte recoge declaraciones de Manuel Jesús Puerto Mocoroa, jefe del Centro Regional de Investigación Pesquera y Acuícola del Instituto Mexicano de Investigación en Pesca y Acuacultura Sustentables (IMIPAS), en Puerto Morelos.

La cifra refleja que, aunque el sargazo ya fue incorporado como recurso pesquero con potencial de aprovechamiento, su captura comercial todavía necesita avanzar en permisos, investigación y definición de costos.
¿Cuántos permisos existen y qué permiten hacer?
Según el reporte de Novedades Quintana Roo, entre los antecedentes se encuentra una autorización de pesca de fomento otorgada a la empresa Carbon Wave para elaborar bioestimulantes. También se mencionan permisos de investigación vinculados con instituciones y proyectos científicos, además de un permiso de explotación comercial que ya venció.
Es importante distinguir entre estos documentos: un permiso de investigación o de fomento no equivale automáticamente a una autorización comercial vigente. Por ello, la cifra de cuatro trámites no significa que existan cuatro empresas habilitadas para explotar comercialmente el sargazo.
El IMIPAS participa como instancia técnica en la evaluación de la viabilidad de los proyectos, mientras que Conapesca interviene en el procedimiento de autorización.
Primero hay que saber cuánto sargazo puede capturarse
Uno de los principales obstáculos para establecer un mercado es que todavía se requiere información técnica para determinar qué cantidad de biomasa puede extraerse, qué métodos de captura son adecuados y cuánto costaría operar y procesar la macroalga.
Puerto Mocoroa señaló, según el medio, que antes de fijar un precio es necesario conocer los gastos de operación y la capacidad de procesamiento. Sin esa información, establecer un valor comercial podría generar distorsiones para quienes busquen incorporarse a la actividad.
En términos prácticos, no basta con recoger el sargazo del mar: también hay que evaluar cómo transportarlo, almacenarlo, procesarlo y convertirlo en un producto que tenga compradores.
El funcionario también destacó la necesidad de ordenar la actividad para dar certidumbre jurídica a los proyectos y a quienes pretendan invertir en ella.
México ya busca aprovechar el sargazo como recurso pesquero
El Gobierno de México actualizó en agosto de 2025 la Carta Nacional Pesquera e incorporó el sargazo holopelágico del Caribe como un recurso pesquero con potencial de desarrollo. Esa inclusión representa un paso para estudiar su aprovechamiento bajo un marco formal.
Además, el IMIPAS y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) impulsan trabajos de investigación para mejorar el conocimiento sobre la distribución, abundancia y variabilidad de esta macroalga. El proyecto también contempla integrar información oceanográfica y experiencia de las comunidades costeras para mejorar su recolección.
Estos trabajos son relevantes para Quintana Roo, donde las arribazones de sargazo afectan playas, actividades turísticas y ecosistemas marinos. Sin embargo, reconocer su potencial económico no significa que ya exista una industria consolidada ni que toda la macroalga que llega a las costas pueda aprovecharse de manera rentable.
Pescadores buscan una alternativa de ingresos
El aprovechamiento del sargazo también abre una posibilidad para las comunidades pesqueras, siempre que existan reglas claras, permisos adecuados y un modelo económico viable.
En una publicación anterior, Novedades Quintana Roo reportó una propuesta para incorporar a pescadores y cooperativas a la recolección de la macroalga, con la posibilidad de que la actividad complemente sus ingresos en temporadas en las que otras pesquerías enfrentan restricciones.
Para que ese esquema funcione, será necesario establecer qué embarcaciones pueden participar, qué técnicas de captura se utilizarán, cómo se medirá el sargazo recolectado y quién lo comprará o procesará.
La actividad también tendrá que considerar criterios ambientales para evitar que la extracción de la macroalga altere los ecosistemas marinos o retire material en condiciones que no sean sostenibles.
El desafío: pasar de la recolección a una cadena de valor
El sargazo tiene posibles usos industriales, pero convertirlo en una fuente de ingresos requiere más que recolectarlo. Se necesitan procesos de transformación, compradores, costos competitivos y mecanismos de trazabilidad que permitan conocer de dónde proviene el material y cómo se maneja.
Por eso, el dato de los cuatro permisos tramitados muestra una etapa inicial de regulación, no el tamaño definitivo de una industria. El siguiente paso será conocer cuántas autorizaciones se conceden, cuáles siguen vigentes y qué resultados arrojan los proyectos piloto.
Para Quintana Roo, el reto es doble: retirar el sargazo antes de que llegue a las playas y desarrollar alternativas de aprovechamiento que sean técnica, económica y ambientalmente viables.
La información sobre los cuatro permisos fue publicada por Novedades Quintana Roo, de Grupo SIPSE, a partir de declaraciones del IMIPAS. La incorporación del sargazo a la Carta Nacional Pesquera y los trabajos científicos se verificaron con información oficial del Gobierno de México.
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