El Gerald Ford llega al Caribe en plena escalada con Maduro
La tensión política y militar entre Estados Unidos y Venezuela alcanzó un nuevo nivel este viernes, luego de que el Pentágono confirmara el despliegue del portaviones Gerald Ford, el más grande y avanzado de su flota, en aguas del mar Caribe.
El movimiento, ordenado directamente por el secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, ocurre en medio de una serie de ataques militares contra embarcaciones presuntamente vinculadas al narcotráfico, y ha generado preocupación internacional por el aumento del clima de confrontación en la región.
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El Gerald Ford, buque insignia de la Armada de Estados Unidos, fue enviado junto con su grupo de ataque a la zona de responsabilidad del Comando Sur, que abarca el Caribe y América del Sur. Según el Pentágono, esta acción busca “desmantelar organizaciones criminales transnacionales” y reforzar la vigilancia marítima ante el tráfico de drogas. Sin embargo, fuentes diplomáticas consultadas por medios internacionales advierten que el verdadero motivo podría estar relacionado con la creciente tensión con el gobierno de Nicolás Maduro, que ha denunciado incursiones militares y operaciones encubiertas en su territorio.

Operación en marcha y mensaje político
El portavoz del Pentágono, Sean Parnell, explicó en un comunicado que el despliegue “reforzará la capacidad de Estados Unidos para detectar, monitorear y desmantelar actores y actividades ilícitas que comprometen la seguridad y la prosperidad del territorio estadounidense”. Agregó que estas fuerzas “ampliarán las capacidades existentes para combatir el narcotráfico y neutralizar organizaciones transnacionales”.
El envío del Gerald Ford marca uno de los despliegues militares más importantes de Estados Unidos en el Caribe en los últimos años, y se suma al contingente ya presente desde el verano, compuesto por tres buques de asalto anfibio, aviones de combate F-35B, aeronaves de patrulla P-8 y drones MQ-9 que operan desde Puerto Rico.
De acuerdo con el Pentágono, la operación tiene un carácter “defensivo y preventivo”, aunque varios gobiernos latinoamericanos han expresado su inquietud por la magnitud del despliegue y su posible impacto en la estabilidad regional.

Crecen las tensiones con Venezuela
Durante las últimas semanas, la Administración de Donald Trump ha intensificado su presencia militar en el Caribe y el Pacífico, lo que ha derivado en la destrucción de una decena de embarcaciones cerca de las costas de Venezuela y Colombia, con la muerte de varias personas que, según Washington, formaban parte de redes de narcotráfico. Caracas, sin embargo, ha calificado estos hechos como “ejecuciones extrajudiciales”, denunciando una violación a su soberanía.
Este viernes 24 de octubre, el secretario de Guerra Pete Hegseth informó que el Ejército estadounidense hundió una nueva lancha presuntamente operada por integrantes de la banda Tren de Aragua, de origen venezolano, causando la muerte de seis personas, a las que calificó de “narcoterroristas”. El anuncio elevó aún más la tensión entre ambos países.

En respuesta, el Gobierno de Nicolás Maduro acusó a Estados Unidos de utilizar la lucha contra el narcotráfico como pretexto para llevar a cabo operaciones militares en su entorno marítimo.
Maduro aseguró que “Washington busca provocar un incidente armado que justifique una intervención”, y advirtió que las Fuerzas Armadas Bolivarianas se mantienen “en máxima alerta” ante cualquier intento de incursión en su territorio.
Un escenario de alto riesgo
Fuentes del Departamento de Defensa de EE.UU. señalaron que el despliegue del Gerald Ford responde también a una “directiva presidencial” de reforzar la presencia naval en el hemisferio occidental, en un contexto de “amenazas emergentes” y creciente actividad de organizaciones criminales transnacionales. Sin embargo, la orden coincide con reportes sobre operaciones encubiertas de la CIA dentro de Venezuela, lo que alimenta las sospechas de un objetivo político detrás de la maniobra.
Analistas internacionales advierten que la situación podría reavivar viejas tensiones en la región, recordando episodios de confrontación durante la Guerra Fría. El despliegue de un portaviones del tamaño y capacidad del Gerald Ford —que cuenta con más de 75 aeronaves y una tripulación superior a los 4 mil efectivos— representa una clara demostración de fuerza militar, interpretada en Caracas como un intento de intimidación.


Por ahora, Washington mantiene que su presencia busca garantizar la “seguridad y estabilidad marítima”, mientras que Venezuela insiste en que se trata de un acto hostil que amenaza la paz en el Caribe. En medio de la creciente tensión, países de la región han pedido moderación y diálogo diplomático para evitar una escalada que podría tener consecuencias graves para la estabilidad continental.
El mar Caribe se convierte así, una vez más, en escenario de tensiones geopolíticas donde la lucha contra el narcotráfico se mezcla con intereses estratégicos y disputas de poder que van más allá de sus aguas territoriales.





