CIUDAD DE MÉXICO. — El histórico triunfo de México por 3-0 ante Chequia en el Estadio Ciudad de México (Azteca) no solo selló el pase perfecto del Tricolor a los dieciseisavos de final del Mundial 2026 con 9 puntos, sino que regaló una de las postales más conmovedoras y virales de la justa mundialista. Las cámaras de la Selección Mexicana captaron en las tribunas a un hombre al borde del colapso emocional, quitándose la camiseta para ondearla con locura y rompiendo en llanto tras el primer gol del encuentro.
Ese hombre no era un fanático cualquiera: era Paulo César “El Tilón” Chávez, exfutbolista profesional y padre de Mateo Chávez, el joven lateral de 22 años del AZ Alkmaar que abrió el marcador de la goleada. Para la familia Chávez, ese balón al fondo de la red significó la sanación de una profunda herida deportiva que tardó casi tres décadas en cerrar.

¿Quién es Paulo César “Tilón” Chávez?
Nacido en Jalisco en 1976, el “Tilón” Chávez fue un mediocampista fino y eficaz que dejó una huella profunda en el balompié mexicano durante sus casi 20 años de trayectoria profesional.
- Trayectoria en clubes: Se formó en las fuerzas básicas de las Chivas de Guadalajara, debutando en 1993. Fue pieza clave en las llamadas “Super Chivas” que consiguieron el título del Torneo Verano 1997 anotando goles decisivos. A lo largo de su carrera, también defendió con orgullo las camisetas de Rayados de Monterrey, Toluca, Morelia, León, Necaxa, Irapuato, Veracruz y Dorados de Sinaloa.
- Paso por la Selección: Disputó más de 30 partidos oficiales con la camiseta de México. Vivió momentos de gloria al participar en la Copa América y la Copa Confederaciones de 1997, e incluso llegó a anotar un gol frente a Costa Rica en las eliminatorias.
La herida de Francia 98 y la revancha familiar
A pesar de consolidarse como un infaltable en el proceso de la Selección a finales de los noventa, el destino le deparó un trago sumamente amargo. A tan solo dos días de arrancar el Mundial de Francia 1998, el director técnico Manuel Lapuente decidió dejarlo fuera de la lista definitiva en el último recorte. El propio Paulo César ha confesado abiertamente que ese descarte fue “el dolor más grande” de toda su carrera profesional.

Veintiocho años después, el destino se encargó de cobrar la deuda de la forma más poética posible. Su hijo Mateo no solo se ganó un lugar en la convocatoria de Javier Aguirre a base de sacrificios en el fútbol europeo, sino que anotó un golazo cruzado de pierna izquierda en el mismo arco del Coloso de Santa Úrsula donde su padre solía celebrar.
Al término del partido, la euforia continuó fuera de las gradas, donde decenas de aficionados mexicanos reconocieron al histórico exjugador de Chivas y, al grito de “¡quiere volar!”, lo cargaron en hombros y lo lanzaron al aire para festejar el triunfo de la dinastía Chávez.
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