Alondra de la Parra encabezó la apertura del Festival PAAX GNP en Hotel Xcaret Arte con una gala que reunió a Rolando Villazón, Serena Sáenz, La Orquesta Imposible y el Coro de la Comunidad de Madrid, cerrando entre ovaciones y dos interpretaciones extra.
Alondra de la Parra inaugura el Festival PAAX GNP 2026 con una emotiva noche de zarzuela
Rolando Villazón y Serena Sáenz conquistaron al público en Hotel Xcaret Arte, mientras la directora mexicana condujo una gala marcada por la fuerza de la orquesta, el coro y dos esperados bises.
La quinta edición del Festival PAAX GNP comenzó la noche del jueves 23 de julio con una celebración de la música, la voz y el encuentro entre México y España. Bajo la dirección de Alondra de la Parra, la gala ¡Viva la Zarzuela! convirtió al Hotel Xcaret Arte en el escenario de una de esas noches capaces de permanecer mucho tiempo en la memoria.
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Desde la bienvenida y la atención ofrecida al público se percibía que no se trataba de un concierto más. La expectativa creció cuando Alondra de la Parra apareció frente a La Orquesta Imposible, la Orquesta y el Coro de la Comunidad de Madrid, acompañada por dos invitados de talla internacional: el tenor mexicano Rolando Villazón y la soprano española Serena Sáenz.


La gala inaugural se realizó a las 20:00 horas en el Salón Diego y marcó el inicio de un festival que se extenderá hasta el 2 de agosto, con más de 100 artistas internacionales y una programación que reúne música sinfónica, ópera, danza, teatro y conciertos de cámara.
Una dirección que conectó con todos
Alondra de la Parra no solo condujo la orquesta: estableció una conexión visible con cada una de sus secciones, con el coro, los solistas y el público. Su dominio del escenario, la precisión de sus movimientos y la energía con la que impulsó cada pieza permitieron que la música avanzara con fuerza, pero también con ligereza y emoción.
La respuesta de los músicos parecía nacer de esa complicidad. Había atención en cada gesto de la directora, pero también libertad para disfrutar la música. Esa combinación se hizo evidente durante toda la noche y, especialmente, en el desenlace del concierto, cuando la solemnidad dejó espacio para las sonrisas y la celebración.
El Coro de la Comunidad de Madrid, dirigido por Javier Carmena, se integró a una interpretación en la que las voces colectivas se convirtieron en parte fundamental del espectáculo. Carmena también tomó la batuta durante algunas piezas, aportando otro matiz a una gala construida desde la colaboración. El director tendrá además una participación propia dentro del festival el 28 de julio, cuando encabece el concierto coral El color de la distancia.

Rolando Villazón convierte cada pieza en una historia
Rolando Villazón ofreció mucho más que potencia vocal. Su interpretación estuvo marcada por una dicción impecable, una enorme expresividad facial y una capacidad especial para convertir cada romanza en una historia.
El tenor conoce profundamente este repertorio. Parte de las obras interpretadas durante la gala fueron grabadas por él en 2007 junto a la Orquesta de la Comunidad de Madrid, bajo la dirección de Plácido Domingo. Antes del concierto, Villazón recordó aquella experiencia y reconoció en Alondra de la Parra a una creadora capaz de convertir en realidad proyectos artísticos que parecían imposibles.

El programa contempló piezas como el preludio de El tambor de granaderos, Me llaman la primorosa, de El barbero de Sevilla; la Romanza de Juan, de Los gavilanes, y la Romanza de Leandro, de La tabernera del puerto.
Cada intervención del tenor fue recibida con entusiasmo. Villazón interpretó, actuó y transmitió. Sus gestos, el manejo de las palabras y la naturalidad con la que se dirigió al público consiguieron que incluso quienes no conocían a profundidad la zarzuela comprendieran la emoción detrás de cada escena.
Serena Sáenz deslumbra con su voz
La soprano Serena Sáenz fue otra de las grandes protagonistas. Sus agudos, limpios y brillantes, llenaron el recinto, pero fue su manera de interpretar la que terminó por conquistar al público.

Sáenz no se limitó a mostrar su capacidad técnica. Dio personalidad a cada personaje y aportó elegancia, intensidad y sensibilidad a las piezas. La interacción entre la soprano, Villazón, la orquesta y el coro permitió que la zarzuela se sintiera cercana, viva y actual.
Una ovación que pidió más
Al terminar el programa, el público se levantó de sus asientos para ofrecer una larga ovación. Los aplausos no cesaron y pronto apareció la petición que se escucha en las noches verdaderamente especiales: “¡otra!”.
Los artistas regresaron y concedieron una pieza adicional. Sin embargo, el público volvió a insistir y obtuvo un segundo bis. Lejos de la formalidad que había marcado algunos momentos de la gala, músicos, cantantes y directora disfrutaron esta parte entre sonrisas, complicidad y una felicidad que alcanzó a toda la sala.

El cierre llegó con Granada, la célebre composición del mexicano Agustín Lara dedicada a la ciudad española. En las voces de los solistas y bajo la batuta de Alondra de la Parra, la pieza se convirtió en un puente simbólico entre México y España y en el final perfecto para una noche dedicada a la zarzuela.
La gala terminó entre risas, aplausos y emoción. No fue únicamente una muestra de virtuosismo musical. Fue una celebración de la capacidad del arte para reunir países, generaciones y sensibilidades distintas dentro de un mismo escenario.
Y cuando la última nota dejó de escucharse, la ovación continuó. Porque algunas noches no terminan cuando baja la batuta: permanecen vibrando dentro de quienes tuvieron la fortuna de vivirlas.



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