CIUDAD DE MÉXICO. — Mientras miles de aficionados inundaban el Paseo de la Reforma para celebrar la victoria de la Selección Mexicana sobre Sudáfrica, la jornada dio un giro trágico para José, un trabajador que presenció cómo la euforia desmedida de la multitud destruyó en minutos el patrimonio de su familia.
Aprovechando el caos y la emoción del momento, un grupo de personas se subió sin autorización a la camioneta de carga de José, utilizándola como plataforma para saltar y festejar. Tras provocarle severos daños al vehículo, la multitud se dispersó entre la masa de gente, dejando al propietario solo y sin que nadie se hiciera responsable de las afectaciones.
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El costo de la euforia ajena
Para los responsables, el acto representó apenas un instante de adrenalina y celebración futbolística; para José, significó ver cómo el esfuerzo de años de trabajo quedaba marcado y arruinado por el vandalismo. La camioneta no es un objeto de lujo, sino el medio de transporte diario con el que traslada mercancía y lleva el sustento económico a su hogar.
“Para algunos solo fue un momento de celebración… pero para mí fue ver cómo, en unos minutos, dañaban algo que me costó años conseguir y con lo que mantengo a mi familia”, expresó el afectado.
En busca de justicia
Tras los incidentes, José se encuentra en la urgencia de reparar los daños para no detener sus jornadas laborales y perder su única fuente de ingresos. A través de redes sociales y testimonios en la zona, se apela a la conciencia ciudadana con la esperanza de que quienes participaron en los destrozos, o bien los testigos que grabaron los hechos, ayuden a identificar a los responsables para que respondan por los costos de reparación.
El caso pone nuevamente sobre la mesa el debate sobre los límites de los festejos masivos en monumentos públicos y la falta de seguridad para los comerciantes y civiles que transitan por la zona durante estas movilizaciones.
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