Una innovadora investigación apoyada por la NASA logró transformar plástico y desechos agrícolas en ingredientes ricos en proteínas mediante microorganismos. El desarrollo podría ayudar a alimentar a astronautas en futuras misiones espaciales e incluso ofrecer soluciones frente a la crisis mundial de residuos.
Lo que durante décadas ha sido considerado basura podría convertirse en una fuente de alimento para el futuro. Un grupo de científicos desarrolló una tecnología capaz de transformar residuos plásticos y agrícolas en ingredientes comestibles utilizando microorganismos modificados, un avance que abre la puerta a nuevas formas de producción alimentaria tanto en la Tierra como en el espacio.
El proyecto es encabezado por investigadores de la Universidad del Sur de Illinois Carbondale y cuenta con apoyo de programas vinculados a la NASA, debido a su potencial para abastecer de alimentos a astronautas durante misiones de larga duración.
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Del plástico a la mesa
Uno de los materiales empleados en el experimento es el tereftalato de polietileno (PET), uno de los plásticos más comunes del mundo y presente en botellas de agua, refrescos y otros envases de uso cotidiano.
Además del plástico, los investigadores utilizaron residuos agrícolas como tallos y hojas de maíz descartados tras las cosechas.

Para iniciar la transformación, los materiales son sometidos a un proceso denominado disolución hidrotérmica oxidativa, una técnica que emplea agua, oxígeno, altas temperaturas y presión para descomponer los residuos en moléculas más simples.
Posteriormente, estas moléculas sirven como alimento para levaduras modificadas genéticamente, capaces de producir proteínas, grasas y otros compuestos con valor nutricional.
Nacen las µBites
Como demostración de la tecnología, los científicos elaboraron unas galletas experimentales llamadas µBites (Microbites).
Los ingredientes producidos por las levaduras fueron mezclados con fibra, almidón y edulcorantes para crear una masa que posteriormente fue moldeada mediante impresión 3D.
Aunque las galletas ya son consideradas seguras desde el punto de vista técnico, todavía necesitan autorizaciones regulatorias antes de que puedan realizarse pruebas de degustación a gran escala.

Hasta ahora, las evaluaciones se han enfocado principalmente en el aroma y la aceptación de la idea por parte de posibles consumidores. Los resultados muestran que muchas personas estarían dispuestas a consumir estos productos en situaciones donde los recursos alimentarios fueran limitados.
Una solución para Marte y para la Tierra
El interés de la NASA en este proyecto radica en que podría resolver uno de los principales desafíos de los viajes espaciales: la alimentación.
Durante misiones hacia la Luna, Marte o incluso trayectos más largos, transportar grandes cantidades de comida resulta complejo y costoso. Por ello, la posibilidad de producir alimentos utilizando residuos generados durante el propio viaje representa una alternativa atractiva.
Los investigadores también consideran que esta tecnología podría aplicarse en submarinos, bases científicas aisladas, zonas afectadas por desastres naturales e incluso comunidades con acceso limitado a alimentos.
Un futuro donde la basura alimente
El principio detrás de esta innovación es sencillo: tanto los alimentos como muchos residuos contienen carbono. La diferencia es que unos terminan en la mesa y otros en la basura.
La investigación busca aprovechar ese carbono mediante microorganismos capaces de convertir materiales desechados en productos útiles para el consumo humano.

Aunque todavía faltan años de desarrollo antes de que estos alimentos lleguen al mercado, los científicos consideran que esta tecnología podría convertirse en una herramienta clave para enfrentar dos grandes retos del siglo XXI: la contaminación por plásticos y el creciente aumento de la demanda mundial de alimentos.
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