No es un lugar, es una cultura VIVA: Así celebró Sheinbaum el reconocimiento a la Ruta Wixárika
Una noticia de gran relevancia para México ha sido compartida, con la presidenta Claudia Sheinbaum dando a conocer un acontecimiento trascendental: la UNESCO ha inscrito oficialmente la Ruta Wixárika por sus sitios sagrados en la prestigiosa lista del Patrimonio Mundial. Este hecho no solo es un hito para el pueblo Wixárika, sino para toda la nación mexicana, al reconocer una de sus expresiones culturales más profundas y vivas.
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La Ruta Wixárika por los Sitios Sagrados a Wirikuta es el relicto más representativo de las rutas rituales y comerciales que conectaron culturalmente a las sociedades originarias del continente americano durante milenios. El bien cuenta con protección legal, a través de leyes federales y estatales, como el Plan de Justicia de los Pueblos Wixárika, Na’ayeri, O’dam y Meshikan (2022) y el decreto que reconoce, protege, preserva y salvaguarda los lugares sagrados y rutas de peregrinación de los mismos, y que creó la Comisión Presidencial (2023), para su cumplimiento.
La inscripción abarca específicamente los territorios y tradiciones de los pueblos Wixárika, O´dam, Au´dam, Mexikan y Náayeri.


La presidenta Sheinbaum destacó que una de las principales peticiones de estos pueblos, la protección de sus lugares sagrados ha sido finalmente atendida a nivel global. Ella subrayó la particularidad de este reconocimiento:
“Es la primera vez que tenemos la presencia en esta lista con una cultura indígena viva que, si bien tiene orígenes ancestrales, todavía es practicada, todavía es reconocida en una geografía sagrada” que estos pueblos comparten históricamente.

UNESCO declara su ruta sagrada como Patrimonio mundial, Patrimonio vivo
Este hecho marca un precedente en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO para México. A diferencia de otros sitios mexicanos ya inscritos, como las antiguas ciudades de Teotihuacán o Chichén Itzá, que son principalmente lugares físicos de civilizaciones pasadas, el nombramiento de la Ruta Wixárika se distingue por ser un “itinerario cultural”.
Esto significa que el reconocimiento se basa en la vitalidad de sus tradiciones y prácticas que se mantienen activas en la actualidad. Fue inscrito en el año 2023 bajo la denominación oficial de “La Ruta de la Vida y la Cultura Wixárika”, una decisión tomada durante la 45ª reunión del Comité del Patrimonio Mundial, celebrada en Riad, Arabia Saudita.

La distinción que la UNESCO otorga a la Ruta Wixárika subraya la importancia de preservar no solo vestigios arqueológicos, sino también la riqueza de las culturas indígenas contemporáneas. Es un testimonio del valor universal excepcional de un camino que ha sido fundamental para la cosmovisión de diversos pueblos originarios, cuya existencia y prácticas continúan hasta nuestros días, manteniendo viva una conexión ancestral con su entorno y sus creencias. Este enfoque innovador de la UNESCO recalca que el patrimonio no es solo lo que fue, sino también lo que es y lo que sigue siendo practicado y valorado por comunidades vivas.


La ruta sagrada explicada
La Ruta Wixárika, también conocida en algunos contextos como “Huichol”, es mucho más que un simple recorrido geográfico; es un itinerario cultural y sagrado que se extiende por más de 500 kilómetros. Este camino ancestral atraviesa una vasta y significativa porción del territorio mexicano, conectando el estado de Nayarit con San Luis Potosí, y pasando por importantes entidades como Jalisco, Durango y Zacatecas.
Es el trayecto de una peregrinación milenaria que los Wixárikas realizan hacia Wirikuta, un sitio de profunda sacralidad ubicado en el desierto de Real de Catorce.

El propósito central de esta peregrinación es la búsqueda del peyote, conocido por ellos como “hikuri”, una planta cactácea que ocupa un lugar central en su cosmovisión y en sus rituales religiosos y espirituales.
Este viaje no es meramente físico; es una travesía espiritual que renueva la conexión del pueblo Wixárika con sus orígenes, sus deidades y su entorno natural. La ruta simboliza la esencia de su identidad cultural y religiosa, siendo un reflejo de su profundo respeto por la tierra y las tradiciones heredadas de sus ancestros.
El reconocimiento de este itinerario subraya la importancia de preservar no solo los sitios geográficos, sino también las complejas prácticas y creencias asociadas a ellos, que continúan modelando la vida de estos pueblos.

Decisión histórica y protección
La inscripción de la Ruta Wixárika en la lista de Patrimonio Mundial es, sin duda, un hecho histórico por diversas razones. En primer lugar, reconoce la resiliencia cultural indígena y la profunda conexión que estos pueblos mantienen con su territorio. Es una victoria para una lucha que los wixárikas han librado durante décadas, enfrentándose a amenazas constantes como la expansión de la minería en Wirikuta, que pone en riesgo tanto el medio ambiente como el peyote, esencial para sus rituales. También han lidiado con el turismo invasivo que, en ocasiones, no respeta la sacralidad de sus prácticas y lugares.
Este nombramiento de la UNESCO no solo protege los sitios geográficos a lo largo de la ruta, sino que también salvaguarda un conjunto de elementos intangibles inestimables: sus prácticas rituales ancestrales, su rica lengua, su distintivo arte y la biodiversidad única de la región, incluida la planta del peyote.




Es un escudo contra las presiones externas que han amenazado su cultura y su forma de vida. Organizaciones fundamentales como CONACULTA y el Consejo Regional Wixárika han celebrado efusivamente esta decisión, viéndola como un paso adelante significativo. No obstante, han sido enfáticos al exigir acciones concretas y continuas que aseguren la protección efectiva de la ruta y todo lo que ella representa, garantizando que este reconocimiento se traduzca en una salvaguarda real y duradera para el patrimonio Wixárika y los pueblos que lo comparten.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, concluyó la intervención al respecto, reiterando la trascendencia del momento:
“Es de las pocas veces que se reconoce un lugar sagrado de los pueblos originarios vivos, no de la historia de las grandes civilizaciones, sino lo que significa este lugar sagrado para el pueblo hoy, desde antes y hoy”.
Este comentario encapsula la esencia de la inscripción: un reconocimiento a una cultura dinámica y su profundo arraigo a un espacio que es tan vital para ellos en el presente como lo fue en el pasado. Este logro, según sus palabras, no hubiera sido posible sin el apoyo del actual gobierno, marcando un jubileo para el pueblo de México y, en particular, para las comunidades originarias involucradas.
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