CANCÚN, Q. ROO — Vivimos en una época donde la tarjeta, el código QR y la transferencia bancaria se han vuelto tan cotidianas que el dinero físico parece un objeto del pasado. Nos han vendido la comodidad de la digitalización total —con propuestas para eliminar el efectivo y monitorear cada transacción, empezando por gasolineras y comercios— como el pináculo del progreso.
Pero la naturaleza, implacable, se encarga de recordarnos los frágiles que somos.
Cuando las autoridades federales actualizaron la guía de la mochila de emergencia pidiendo almacenar víveres para cuatro días y, de manera muy específica, dinero en efectivo, las redes sociales se encendieron.Muchos lo vieron como un exceso, una contradicción o una señal de alerta global. Sin embargo, el verdadero trasfondo de esa indicación debería invitarnos a una profunda y urgente autoevaluación: ¿Qué pasa con nuestra supervivencia cuando la tecnología se apaga?

El día que la señal y la luz desaparecen
Basta con mirar atrás para entender lo que significa quedar incomunicados. Pensemos en lo que dejó a su paso el huracán Otis en Acapulco, en la devastación que los grandes sismos han provocado en el centro del país, o incluso sin irnos tan lejos, en los apagones masivos que han dejado a oscuras a regiones enteras de la Península de Yucatán durante horas o días.

En esos momentos de crisis, el escenario es implacable:
- Las torres de telefonía celular colapsan.
- La red de fibra óptica desaparece.
- Las terminales bancarias (TPV), los cajeros automáticos y las aplicaciones móviles mueren por falta de energía eléctrica y señal satelital.
Y entonces surge la pregunta incómoda que nadie quiere responder: Si el efectivo dejara de existir por completo, ¿con qué nos sustentaríamos?
En medio de una emergencia, cuando las puertas de los supermercados y las farmacias se abren con plantas de luz de emergencia o mediante el comercio local de barrio, una aplicación bancaria en ceros es solo un pedazo de plástico o cristal inútil. ¿Cómo comprarías agua, alimentos o medicinas para tus hijos? ¿Tendrías que depender de la caridad o robar para sobrevivir?
La ilusión del control frente a la realidad del peligro
Nos encaminamos hacia un modelo económico donde cada peso que gastamos queda registrado, rastreado y fiscalizado bajo la promesa de mayor seguridad y control contra la informalidad. Pero en esa carrera por digitalizar absolutamente todo, las instituciones y los gobiernos parecen olvidar que la verdadera seguridad financiera de una población en crisis no reside en algoritmos, sino en la resiliencia.
El efectivo no es solo un medio de intercambio arcaico; es la única autonomía financiera que le queda al ciudadano cuando la infraestructura del Estado colapsa. Es un respaldo de soberanía individual. Depender 100% de una red digital es entregarle el control de nuestra supervivencia a un cable submarino, a un satélite o a una planta eléctrica que puede ser derribada por el viento en cuestión de segundos.

Guardar billetes en una bolsa impermeable dentro de una mochila de emergencia no es una medida paranoica; es un acto de supervivencia y de sano juicio ante un sistema que asume que el mundo nunca se detiene. La próxima vez que mires tu cartera y pienses en prescindir por completo de los billetes y las monedas, detente a pensar: ¿Estás dispuesto a apostar tu vida y la de los tuyos a que la señal de internet nunca volverá a fallar?
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