Quintana Roo es el estado con mayor dinamismo turístico del país. Su economía crece, genera empleo y atrae inversiones. Pero detrás de las cifras macroeconómicas hay una realidad que no se refleja en los discursos oficiales: los jóvenes trabajan cada vez más, pero en condiciones precarias, y cada vez más abandonan la escuela para sobrevivir.
De acuerdo a los datos del INEGI, la entidad registró una tasa de desocupación de 2.4% en el segundo trimestre de 2026, inferior al promedio nacional de 2.7%. Sin embargo, esa cifra no muestra la otra cara de la moneda: los jóvenes de 15 a 29 años enfrentan una realidad muy distinta, donde el empleo formal es un privilegio y la educación un lujo que muchos no pueden pagar.
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Foto: facebook.com/STYPSQROO
Más de la mitad de los jóvenes trabaja sin prestaciones
El empleo juvenil en Quintana Roo tiene un rostro precario. De acuerdo con el INEGI, más del 50% de los jóvenes del estado trabaja sin acceso a prestaciones sociales. La mayoría se emplea en el sector servicios, principalmente en hoteles, restaurantes y comercios, con salarios que apenas alcanzan para cubrir el costo de vida.
A nivel municipal, los jóvenes de 19 a 29 años representan el 28.6% de la población ocupada, pero el 39.3% de los desocupados. Es decir, aunque hay empleo, los jóvenes son los que más sufren la falta de oportunidades laborales estables.
El abandono de las aulas es una de las consecuencias más graves de esta dinámica. En Quintana Roo, la tasa de deserción en el nivel medio superior alcanza el 10.4%, y en el superior el 13.4%, muy por encima del promedio nacional del 7.2%.
En Cozumel, el problema es aún más agudo: la deserción en universidad es del 13.5%, superior a la media nacional del 11.5%. El orientador educativo Daniel Pech explicó que muchos jóvenes ven en el turismo una oportunidad inmediata de ingreso, especialmente en temporadas altas, lo que los lleva a dejar la escuela.
“El problema no radica únicamente en la falta de interés, sino en la presión financiera que enfrentan las familias”.
Luis, de 19 años, dejó la preparatoria para trabajar en un hotel y ganar propinas. Sabe que la decisión le puede afectar más adelante, pero la necesidad es inmediata.
La trampa del turismo
El turismo, principal motor económico de Quintana Roo, juega un papel dual: genera empleo, pero también incentiva la deserción al ofrecer ingresos inmediatos a jóvenes que buscan ayudar en sus hogares. La socióloga Ana Pech señaló que el problema es estructural: la economía local ofrece trabajo rápido, pero no necesariamente crecimiento a largo plazo.
La paradoja es clara: el estado tiene una de las tasas de participación laboral más altas del país (66.4%), pero la calidad del empleo no acompaña el crecimiento.
¿Y ahora?
Los jóvenes de Quintana Roo están atrapados en una trampa: trabajan más, estudian menos y ganan mal. La economía turística les ofrece un ingreso inmediato, pero a costa de su futuro. Mientras el estado presume cifras de desempleo bajas, miles de jóvenes están dejando la escuela para sobrevivir.
La pregunta no es si hay empleo, sino si ese empleo es suficiente para construir un proyecto de vida. La respuesta, por ahora, es que no.
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