La creadora japonesa, famosa por sus lunares, calabazas y salas de espejos infinitos, murió a los 97 años; su obra transformó sus obsesiones y experiencias personales en uno de los lenguajes visuales más reconocibles del mundo.
La artista japonesa Yayoi Kusama, una de las figuras más reconocidas del arte contemporáneo, murió a los 97 años en un hospital de Tokio, dejando detrás una trayectoria marcada por los lunares, los patrones repetitivos, las calabazas y sus famosas instalaciones de espejos infinitos.
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La noticia fue dada a conocer públicamente el 27 de agosto, aunque su fallecimiento ocurrió el 14 de agosto de 2026. Su estudio informó que Kusama continuó pintando hasta sus últimos días. La causa de muerte no fue especificada en el anuncio citado por medios internacionales.
La información fue retomada en Quintana Roo por Por Esto!, que dedicó su sección de Cultura a recordar a la llamada “Reina de los Lunares” y destacó la particular historia detrás de una mujer cuya obra estuvo profundamente relacionada con sus propias visiones y experiencias.
De sus visiones nació un estilo único
Nacida el 22 de marzo de 1929 en Matsumoto, Japón, Kusama comenzó a pintar desde niña. Sus primeros trabajos estuvieron marcados por patrones repetitivos de lunares y redes, motivos que con el paso de las décadas se convertirían en su sello personal.
La artista explicó que desde pequeña experimentaba visiones y alucinaciones que influían directamente en su manera de percibir el mundo. En lugar de ocultarlas, las convirtió en materia prima de su creación artística.
Así surgió un universo visual que terminaría ocupando pinturas, esculturas, instalaciones, performances, literatura y poesía.


Pero su historia también estuvo atravesada por problemas de salud mental. Tras regresar a Japón en la década de 1970, Kusama ingresó voluntariamente a una institución psiquiátrica en Tokio, donde continuó trabajando y desarrollando su carrera artística.
De Japón a Nueva York y después al mundo
En 1957 se trasladó a Estados Unidos, donde comenzó una etapa decisiva de su carrera. En Nueva York desarrolló sus conocidas Infinity Nets y se incorporó a la escena artística de vanguardia de la época.
Con el tiempo, sus obras dejaron de ser solamente piezas de museo para convertirse en experiencias inmersivas. Sus salas de espejos infinitos, sus enormes calabazas y sus característicos lunares hicieron que su nombre trascendiera el circuito tradicional del arte.
Su reconocimiento también alcanzó el mundo de la moda y la cultura popular, con colaboraciones internacionales, entre ellas con Louis Vuitton.
En 2006 recibió el Praemium Imperiale, uno de los reconocimientos artísticos internacionales más importantes, y también fue distinguida con la Orden de Cultura de Japón.

Una mujer que nunca dejó de crear
Uno de los aspectos más sorprendentes de su historia fue su permanencia activa hasta una edad avanzada.
Su estudio señaló que continuó pintando hasta sus últimos días y que su trabajo estuvo ligado a una búsqueda permanente de amor, eternidad y alma.
Yayoi Kusama murió a los 97 años, pero dejó algo más que pinturas llenas de puntos y colores: convirtió aquello que durante años fue parte de sus propias luchas internas en un lenguaje artístico reconocido en todo el planeta.
Su historia demuestra cómo una mirada profundamente personal puede terminar transformando la manera en que millones de personas ven el mundo.

Fuente: ¡Por Esto!
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