Lo que no se ve también puede representar un riesgo. En Cancún, Protección Civil de Benito Juárez comenzó a utilizar tecnología de georradar para revisar qué ocurre debajo de calles, parques, viviendas y otras zonas donde se han reportado hundimientos o irregularidades en el terreno.
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El resultado hasta ahora llama la atención: entre 10 y 15 puntos con posibles anomalías subterráneas han sido identificados durante 2026, de acuerdo con información proporcionada por el director de Protección Civil municipal, Antonio Riveroll Ribbón.
Pero, ¿qué significa realmente una “anomalía”?
El hallazgo no significa automáticamente que exista un cenote, un socavón o una cavidad peligrosa. El georradar permite localizar alteraciones en el subsuelo y ubicar con mayor precisión el sitio que posteriormente debe ser revisado.
El equipo tiene capacidad para explorar hasta ocho metros de profundidad y puede ayudar a identificar zonas de erosión, posibles hundimientos, rupturas en tuberías de agua o drenaje, pozos de absorción dañados, ductos y otras alteraciones bajo la superficie. También puede ayudar a descartar la presencia de cavidades o estructuras naturales.

De Villas Marino a la Supermanzana 237
Los estudios se han realizado a partir de reportes ciudadanos y han incluido puntos de Villas Marino, la Supermanzana 237, parques, zonas cercanas a plazas comerciales y viviendas particulares, donde se habían reportado hundimientos o afectaciones en el terreno.
Una de las ventajas de esta tecnología es que permite investigar el subsuelo sin tener que comenzar abriendo grandes zanjas.
De acuerdo con Riveroll Ribbón, el objetivo es conocer con mayor precisión dónde se encuentra la posible falla para dirigir hacia ese punto las labores de reparación, evitando excavaciones extensas que consuman más tiempo y recursos.
Un caso que parecía cenote… y no lo era
Uno de los ejemplos más llamativos ocurrió en una vivienda donde durante aproximadamente 20 años se pensó que un problema estructural estaba relacionado con la existencia de un cenote.
Sin embargo, el estudio realizado con georradar permitió determinar que la situación estaba relacionada con una fuga en una conexión del sistema de drenaje, no con un cenote.
El caso muestra por qué las autoridades insisten en que detectar una anomalía no equivale a conocer inmediatamente su origen.
El propio director de Protección Civil explicó que el georradar señala que existe una alteración en determinado punto, pero la naturaleza exacta de ésta debe establecerse mediante la intervención y estudios correspondientes.
Cancún está sobre un terreno que requiere vigilancia
La utilización del georradar adquiere especial relevancia porque Cancún se encuentra sobre un entorno de características kársticas, donde existen formaciones subterráneas y circulación de agua que deben considerarse al momento de planear obras o atender problemas de infraestructura.
La tecnología también comenzó a utilizarse en la colonia Donceles 28, donde Protección Civil investigó las causas de inundaciones que han afectado a la zona durante décadas.
En ese sitio, los estudios realizados en marzo encontraron agua subterránea a aproximadamente 75 centímetros de la superficie, un dato que ayudó a explicar parte de la problemática de encharcamientos de la zona.
Así, detrás de calles, parques y construcciones de Cancún existe un subsuelo que no siempre puede evaluarse a simple vista.
Por ahora, el dato confirmado es que entre 10 y 15 puntos han presentado posibles anomalías durante los estudios realizados en 2026. No se trata de 15 cenotes ni de 15 socavones confirmados, sino de sitios que requieren diagnóstico y seguimiento.
Y justamente ahí está la importancia para los habitantes: antes de romper una calle, abrir una zanja o intervenir una zona con hundimientos, ahora Protección Civil puede mirar primero qué hay debajo.
Fuente: Luces del Siglo



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