CANCÚN, Q. ROO. — El Huei Tzompantli ha sido interpretado durante siglos como un símbolo de muerte y sacrificio. Sin embargo, una nueva hipótesis presentada por el arqueólogo Raúl Barrera Rodríguez propone una lectura distinta: la estructura podría representar la regeneración de la vida y los ciclos agrícolas. La ponencia se realizó en el marco del 14 aniversario del Museo Maya de Cancún y la Noche de Museos.
En la cosmovisión mexica, el sacrificio estaba vinculado con el mantenimiento del orden cósmico. La hipótesis de la milpa sugiere que los restos humanos podrían haber sido concebidos como semillas, asociadas con el maíz y la fertilidad de la tierra.
“En esta lectura, los restos humanos no representarían únicamente la muerte: podrían formar parte de una concepción ritual en la que el sacrificio, la fertilidad y la continuidad de la existencia estaban relacionados. Los cráneos podrían interpretarse, metafóricamente, a partir de elementos vinculados con la milpa”,
—señaló Barrera.
El maíz como sustento sagrado: la mirada del Popol Vuh
La relación entre el maíz y la vida no era exclusiva de los mexicas. En toda Mesoamérica, el grano era considerado un regalo de los dioses y el sustento de la humanidad. Para los mayas, el maíz era el material con el que fueron creados los primeros hombres, según el Popol Vuh.
“De maíz amarillo y de maíz blanco se hizo su carne; de masa de maíz se hicieron los brazos y las piernas del hombre. Únicamente masa de maíz entró en la carne de nuestros padres, los cuatro hombres que fueron creados”,
—relata el texto sagrado.
Para los mexicas, el maíz estaba vinculado con Centéotl, la diosa del grano, y con los ciclos agrícolas que regían la vida comunitaria. Si el maíz era la carne de los hombres, los cráneos podían ser la semilla que garantizaba la continuidad de la vida en el siguiente ciclo agrícola.
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La mirada colonial: “La interpretación cristiana condenó estas prácticas”
Para desarrollar su hipótesis, Barrera también analizó el testimonio de Andrés de Tapia, conquistador que describió el tzompantli. El arqueólogo advirtió que estas fuentes históricas deben leerse con cautela, pues fueron escritas desde una perspectiva cristiana que condenaba las prácticas mexicas.
“La mirada de los conquistadores no permitió comprender plenamente el significado que estas estructuras tenían para los habitantes de Tenochtitlan. Reconstruir ese significado requiere considerar tanto los testimonios coloniales como la evidencia arqueológica”,
—explicó Barrera.
Las crónicas de Tapia mencionan cifras extraordinarias sobre la cantidad de cráneos. No obstante, el especialista cuestionó la confiabilidad de esos cálculos, que se habrían realizado a partir de segmentos observados y multiplicados.
El futuro del monumento: ¿exhibir o resguardar?
Además de las preguntas históricas, el Huei Tzompantli plantea un desafío de conservación. Barrera explicó que los cráneos son material orgánico y, una vez excavados, quedan expuestos a un deterioro difícil de revertir. Por ello, todavía no se ha definido si los restos serán exhibidos directamente al público.
El espacio donde se encuentra la estructura es reducido. Según el arqueólogo, recibir visitantes exigiría controles estrictos. Entre las alternativas que se evalúan están volver a cubrir los cráneos para protegerlos, elaborar réplicas o recurrir a una representación virtual.
El especialista no anunció una fecha de apertura ni confirmó una decisión definitiva sobre la exhibición. La prioridad, subrayó, es asegurar que los restos humanos puedan preservarse para el futuro.



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